miércoles, 23 de agosto de 2017

Perro de ataque - Darío Zalapa




Diversos personajes históricos han dejado testimonio de su repudio hacia la venganza (Confucio, Einstein, Séneca, Goethe…), pero también han reflexionado sobre su origen para intentar comprenderla, pues es un sentimiento natural en el hombre, uno de los más impulsivos y agudos. La venganza busca justicia, sí, pero a través de un ajuste de cuentas en cuanto a daños o lesiones. «No todo está perdido, la férrea voluntad, el estudio de la venganza, el odio inmortal y el coraje nunca se rinden o se someten», en palabras de John Milton.
La venganza surge de un sentimiento elemental de defensa que pretende vindicar un agravio o ultraje. Ha estado presente desde la mitología; incluso los griegos tenían una diosa que representaba, entre otras cosas, la justicia retribuida y el equilibrio: Némesis.
Perro de ataque (Ediciones B, 2017) es la primera novela de Darío Zalapa (escritor mexicano, 1990), misma que desarrolló con la beca Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes 2015 y que refleja una incisiva crítica social.
El libro, de más de trescientas páginas, está dividido en cuatro partes que a su vez se dividen en varios capítulos cuyos títulos son astutos guiños argumentales. Venganza, sexualidad, violencia y avaricia son las temáticas principales sobre las que gira la trama de Perro de ataque. Zalapa describe a la perfección la animalidad del ser humano a través de sus personajes, y desencadena una serie de hechos y acciones tras la muerte accidental de un asaltante en ciernes. Un tercer implicado incidental, Roque, un espectador —convertido en víctima—, consciente de que su propia vida estará en juego, decide cambiar la regla implícita de que aquellos que tienen las armas o los contactos indicados son quienes ostentan el poder.
Lo que alimenta su necesidad de revancha es la vindicación de todos los ultrajes y horrores a los que ha sido expuesto; la venganza lo infecta desde entonces como un virus y se esparce por todo su ser, es una enfermedad mortal instalada en él tras una dentellada —invisible pero sumamente dolorosa— a su alma y orgullo, misma que lo anegará hasta desbordarse y contagiar a alguien más, y que lo terminará convirtiendo en una máquina asesina perfeccionada. Se transforma en un cazador de dos fieras específicas, añora su carne y su sangre colmadas de adrenalina como resultado del sufrimiento que deben pagar dos por sus errores.
Roque, un exoficinista ordinario, mantendrá sus heridas abiertas, tras sufrir un desgarrador ataque y atestiguar otro, para recordarse lo que debe hacer, su actual arriesgada misión en la vida, y demostrará que, como lo afirma Balzac,  «En la venganza el más débil es siempre más feroz». A pesar de que su físico no representa una amenaza, en su mente confluye lo necesario para volverlo un peligro real: odio fermentado, frustración y  remordimiento.
Si bien la historia se desarrolla en Michoacán y su contexto histórico se ubica dentro de la perenne «guerra» contra el narcotráfico durante el sexenio de Felipe Calderón, la ciudad descrita tan puntual y crudamente por el autor en realidad podría ser cualquier urbe en desarrollo donde imperen las obras en construcción eternas y los suburbios en una constante expansión al igual que la pobreza, la miseria, la violencia, la corrupción y las vejaciones. El autor deja en evidencia que el crimen organizado y el gobierno, al igual que el resto de la población perjudicada por ambos, «se llevan por el instinto y la supervivencia».
La ciudad de Perro de ataque es descrita fiel y detalladamente: engulle sin detenerse, es un agujero negro que se va tragando todo a su paso y que lo regurgita a diario sólo para volver a engullirlo, es una madre sádica, un guardián desquiciado. Es un ente del que hay que cuidarse y protegerse a la par que de sus habitantes. Ésta es una bestia más, o La bestia. Zalapa conoce a la perfección tanto su esencia como su cuerpo. Es una localidad que se expande sin cesar al igual que sus habitantes se reproducen, comportándose todo como un cáncer o una afección que lucha con ansia por devorarlo todo, incluso a sí mismo. «Porque así es la ciudad, o esa ciudad: ordena, grita, patea. Comprime. Muerde».
En toda la novela, a través de un estilo narrativo indirecto libre y una adjetivación contundente, Zalapa animaliza lo mismo sitios que personajes, comportamientos y objetos, como el Jetta del periodista Quintana, que cambia de características —pero que mantienen la oscuridad y el sentimentalismo— cada que es mencionado en la historia: se presenta lo mismo como un osezno que como una araña o un murciélago.
Los adjetivos, contundentes y poderosos, dejan en segundo plano a los sustantivos. Zalapa adjetiva, califica: le otorga cierta condición y naturaleza a lo que describe, impregna de peculiaridades a su narración. Lo mismo describe, con acierto, el ambiente y los habitantes de una casa de seguridad que el de un club privado con gente de la «alta sociedad»; representa la mentalidad avariciosa de un alto empresario (el Ingeniero), de un joven sicario o de un —aún más joven— narcomenudista. Lo que mueve a todos sus personajes es la ambición y el egoísmo, querer acapararlo todo a manos llenas aunque aquello que se desea derive irremediablemente en la ruina, pues siempre habrá alguien detrás o a la sombra, acechando para poder arrebatarlo en la primera oportunidad.
El periodismo —y los terrores a los que se exponen quienes ejercen esta profesión: escarmientos, asesinatos, secuestros—, el área de redacción de un periódico y la vida nocturna «clandestina» son otras tres esferas cuyos mundos internos, actividades  y  peculiaridades son narrados a la perfección. El Ingeniero es el dueño de la mayor parte de la ciudad y sus habitantes, forma parte de un linaje que sólo sabe exigir lo que requiere de los demás y ordenar. Quintana es un periodista veterano en decadencia y Conchita, Mario y Joel son algunas de las astutas  marionetas —unas más que otras— a cargo del periódico.
En situaciones estratégicas, todos —o la mayoría de— los personajes tienen alguna característica, movimiento, respuesta, acción o particularidad que los asemeja a un can: «En esa ocasión no precisaba la fuga como una capricho o un lujo, sino como una necesidad, una sanación: lamerse la herida y decirse que todo estará bien, que el dolor desaparecerá pronto, que peores mordidas ha soportado sin echarse a llorar ni esconder la cola entre sus patas». Las experiencias transforman la mentalidad, y las acciones configuran negativamente el presente y el futuro, involucrando a todo el que esté cerca.
Los jóvenes sicarios son representados aquí como proyectiles suicidas que van tras su objetivo sin chistar. Son carne de cañón fresca, esbirros que venden sus miserables almas a cambio de la fugacidad de una «buena» vida. Precisamente Zalapa dedicó esta novela a los inaceptables daños colaterales, a «…la carne de cañón en una guerra que sólo reporta bajas y que parece no tener un fin próximo, ni un vencedor». Perro de ataque refleja la realidad, analiza y critica el sexenio pasado que en realidad podría ser también el actual, los anteriores y los futuros, pues examina los horrores que se han vuelto cotidianos para la sociedad mexicana. 

A principios de agosto, Perro de ataque formó parte de los libros de la semana recomendados por Aristegui Noticias.

 El libro está a la venta en Librerías Gandhi.

Para concluir, transcribo algunas de mis frases favoritas de la novela:

«A tu espalda sólo el viento nocturno arrastrando los desperdicios del día, la mierda de una ciudad lo bastante sinvergüenza como para procrear bastardos como tú.» p. 10-11

«Alcanzaste a estudiar la muerte, a presenciarla por primera vez. Entonces no sabías que sería para ti más una motivación que un miedo.» p. 13

«Proyectiles, al igual que tú, arrojados al mundo como groserías inacabadas de pronunciar.» Ibídem

«Quebrarte a alguien sin querer merece, cuando menos, que te desquites un poco, que le demuestres al cadáver que fue su culpa, no tuya.» p. 30

«La ciudad: animal invertebrado, nudo de entrañas indistintas, que engulle a su presa de un bocado y sin mascarla, dejando que sean sus ácidos gástricos los que la disuelvan.» 152

«Esa ciudad: letargo engañoso y patológico de un malestar indefinido que nadie atiende, sopor febril, los últimos segundos de un sueño incómodo que se olvida al despertar.» Ibídem


«El metro y medio que los separaba era un millón de años luz de lejanía, el espacio que siempre existe entre dos entes que no debían encontrarse.» p. 202

lunes, 31 de julio de 2017

El triunfo de la memoria - Abril Posas





El olvido es un mecanismo de defensa necesario para la supervivencia, pues ayuda, mediante la represión y la supresión de los recuerdos negativos, a conservar la salud mental. Pero ¿que sucede cuando nuestra memoria no elimina únicamente las experiencias negativas?

Ésta es la temática de varios de los once cuentos que conforman El triunfo de la memoria (Paraíso Perdido, 2017), primer libro de Abril Posas (escritora mexicana, 1982). Dos de estos relatos fueron publicados en 2015 en la colección Instantánea de la misma editorial, plaquette con el que conocí a la autora y que se tituló precisamente como uno de ellos, Estática.

Estos cuentos plantean diversos enigmas relacionados con el recuerdo y el transcurrir del tiempo, con el atrofiamiento de la memoria o con lo contrario, su impasible proceder. También presenta a la rememoración como una maldición o una trampa, por lo que el olvido sería una liberación o, incluso, una bendición.

Entre botas Dr. Martin, terceros pisos, cicatrices, el penetrante olor de vísceras y cadáveres de pescado, cetáceos agonizantes y promesas que se cumplen sólo tras la muerte, encontramos en estos relatos potentes epígrafes musicales como antesalas, microcosmos o introducciones, y a diversos géneros musicales como trasfondo de estas situaciones. Posas crea con cada cuento maravillosas esferas que se rigen bajo sus propias reglas y realidades, y en ellos gana peso lo que Todorov definió como «lo extraño» dentro del cuento fantástico.






«Bitácora del olvido», el primer cuento del libro (disponible en VozEd), es el diario de Arcelia Méndez, una mujer joven y aparentemente sana cuya experiencia le plantea al lector una posibilidad extraña pero admisible: ¿qué pasaría si lo que conocemos desapareciera para los otros, pero no en nuestra mente? Para Arcelia, varias cosas fundamentales en su vida se van esfumando por fragmentos de la realidad, como si todo fuera una ficción que ha tenido un único lector: ella misma. Arcelia está inmersa en una especie de olvido a la inversa: ella recuerda ciertas cosas, como sitios concurridos o bandas musicales populares, pero los demás no. La ignorancia de los otros se vuelve un agente externo que va anulando o suprimiendo la validez de su existencia, y la narración refleja toda la angustia e incertidumbre que esto genera en ella.

En el relato que da título al libro, más que un triunfo de la memoria, hay un triunfo de la cotidianidad, el hombre es presentado como una víctima eterna de la costumbre a pesar de que sus circunstancias cambien repentina y fatalmente.

«Tu cicatriz en mí» es una estupenda historia donde Laura, la protagonista, se apropia de lo ajeno, pero de algo sumamente particular: de las experiencias de vida alojadas a través de marcas en el órgano más grande del cuerpo humano, la piel. Laura, consciente de que no tiene pasado alguno al cual asirse o sobre el cual hablar,  roba uno ajeno para generar empatía en un grupo muy particular.

Una relación efímera demasiado idealizada, que alude a la leyenda japonesa del hilo rojo (aquel lazo afectivo invisible y perpetuo que ata a dos personas a través del dedo meñique, sin importar la distancia que exista entre ellas), nos demuestra que pueden existir vínculos reales y fuertes a pesar de no haber contacto sexual alguno en «El último domingo», donde la autora también manifiesta que la persona rememorada cobra mucha más importancia que la presente, lo que vuelve al recuerdo algo mucho más valioso que la misma realidad.

Posas hace uso, en varias ocasiones, de un efecto vuelta de tuerca muy bien logrado, como en «Elena», donde una reacción inesperada pero justificada finaliza una serie de agravios. Otro ejemplo se encuentra en «Vamos a necesitar más cajas», donde la tranquilidad cotidiana y familiar se ve alterada por un suceso ilícito que es presentado con toda naturalidad.

Abril Posas demuestra en esta obra que la memoria es un arma de doble filo que tiene un lado mucho más agudo, y que es con éste con el que generalmente embiste.  

El triunfo de la memoria está a la venta en la tienda en línea de Paraíso Perdido, y cuenta con una lista de reproducción en Spotify.

En esta entrevista para el sitio Caile Gdl, la autora habla sobre su proceso creativo y la experiencia de publicar su primer libro, y el año pasado respondió el cuestionario Proust para Paraíso Perdido.

Para finalizar, transcribo algunas de mis frases favoritas:

Bitácora del olvido

«La historia de una desaparición que solo parecía dolerme a mí.»

«Si al nombrar algo lo hacemos presente, también debe funcionar para hacerlo desaparecer.»

«Me recordaba lo bueno, solo lo bueno, que tuve cuando lo forcé a estar a mi lado.»

«Cuando sientes que estás perdiendo la cabeza no es suficiente con experimentarlo desde la propia piel, alguien más debe reafirmarlo.»

«Andrajos de una madrugada que tampoco esperaba la violencia.»


Estática

«No había manera de que una persona no fuera ni un susurro en los registros.»

«Supo lo que era el frío añejo al que sobreviven los enormes icebergs que flotan insurrectos hacia aguas más tibias para sentir el alivio del calor, aunque esto signifique su propia muerte.»

«El infierno, se dijo, es todo lo que permanece estático, sin cambio, y se llena del polvo de los años mientras todo se desintegra. Excepto uno mismo.»


Una promesa

«‘Los fantasmas’, le confesó, ‘tienen una memoria muy extraña. Por eso los dejamos recuperarla a su propio ritmo’.»


El triunfo de la memoria

«El mismo enfado de quien ya sabe que el forcejeo será el mismo, será eterno, mañana, la semana próxima, por siempre.»

«Los que van a romperle la madre a la vida lo hacen desde pequeños.»

«La memoria es como el agua y se encarga de encontrar el cauce de antes, inundarlo todo y arrastrar los nuevos planes.»


Tu cicatriz en mí

«Lo que importa es demostrar el orgullo de esas imperfecciones que nos da la vida.»


El último domingo

«Antes no le podía poner nombre  a la necesidad de su presencia, pero toda mi vida lo extrañé.»

«Le di permiso de mantener los planes que había hecho antes de conocerme, yo tuve que inventarme otros.»

«En realidad pasamos toda nuestra vida juntos, aunque jamás estuvimos al tanto.»


Elena

«Tan acostumbrado a pisotear todo lo hermoso solo porque se rompe en más pedazos.»

«Cada vez que salgo de casa cierro los ojos un segundo para pedirle a quien sea que regrese sana y salva.»


Ballenas varadas

«Esa nostalgia del cuerpo que no se mueve, pero que todavía siente.»


«Uno aprecia más la vida cuando se le está yendo y no hay nada más hermoso que la propia entrega de armas frente a un desconocido.»

viernes, 28 de julio de 2017

Las líneas de la mano - Julio Cortázar (cuento)

Julio Cortázar



El cuento breve «Las líneas de la mano» de Julio Cortázar fue publicado en su libro Historias de cronopios y de famas en 1962.



Las líneas de la mano


De una carta tirada sobre la mesa sale una línea que corre por la plancha de pino y baja por una pata. Basta mirar bien para descubrir que la línea continúa por el piso de parqué, remonta el muro, entra en una lámina que reproduce un cuadro de Boucher, dibuja la espalda de una mujer reclinada en un diván y por fin escapa de la habitación por el techo y desciende en la cadena del pararrayos hasta la calle. Ahí es difícil seguirla a causa del tránsito, pero con atención se la verá subir por la rueda del autobús estacionado en la esquina y que lleva al puerto. Allí baja por la media de nilón cristal de la pasajera más rubia, entra en el territorio hostil de las aduanas, rampa y repta y zigzaguea hasta el muelle mayor y allí (pero es difícil verla, sólo las ratas la siguen para trepar a bordo) sube al barco de turbinas sonoras, corre por las planchas de la cubierta de primera clase, salva con dificultad la escotilla mayor y en una cabina, donde un hombre triste bebe coñac y escucha la sirena de partida, remonta por la costura del pantalón, por el chaleco de punto, se desliza hacia el codo y con un último esfuerzo se guarece en la palma de la mano derecha, que en ese instante empieza a cerrarse sobre la culata de una pistola.

sábado, 22 de julio de 2017

El horror del plagio





Hace algunas semanas estaba escribiendo un texto y quise releer uno de mis ensayos publicado en mi columna en VozEd en enero de 2016, «Los monstruos que nos habitan», así que busqué una de las frases que había utilizado para encontrar la publicación, pero me encontré con una sorpresa: el primer resultado de la búsqueda era del sitio web de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, una ponencia titulada «Los monstruos, Jung y los relatos orales: por qué me gusta leer a Ana María Shua»

    Al abrir mi texto publicado en Vozed y compararlo con dicha ponencia, publicada algunos meses después que mi ensayo, entendí todo: mi texto fue plagiado íntegro, tres cuartillas de las ocho que conformaban la ponencia que presentó la profesora Graciela Noemí Carám eran de mi autoría. Tras investigar, descubrí que el resto de «su» ponencia era otro plagio íntegro de un ensayo publicado en 2008 por Denise León, «Ana María Shua, las felicidades de la repetición». Por supuesto, ninguno de nuestros nombres ni el título de nuestras obras se mencionan en la bibliografía de la profesora Carám.

    Sé que los textos en internet son de libre acceso y pueden ser compartidos o utilizados como referencias, e incluso que la red es una herramienta que facilita por completo lo anterior, pero siempre debe integrarse algún sistema de citación.








    Ésta es una entre muchas otras violaciones a los derechos de Propiedad intelectual, misma que incluso está tipificada como delito en México (el Colegio de México le retiró el grado de Doctor a Rodrigo Núñez Arancibia por una reproducción casi íntegra de un libro para su tesis, y en 2016 una alumna fue expulsada debido a otro caso de plagio académico que llegó a los tribunales). 

   Más allá de la indignación, es increíble que este tipo de obras realizadas sin ética profesional no cuenten con ningún tipo de filtro o cuidado editorial. Lo primordial fue, por supuesto, denunciarlo ante las autoridades competentes, en este caso enviando las pruebas del plagio a los correos electrónicos de algunos Departamentos de la FaHCE.

     Éste es un fragmento de la respuesta que obtuve de la Prosecretaría de Gestión Editorial y Difusión (en el que, por cierto, también me informaron que Carám en realidad no trabaja en su facultad, sino en el Colegio Nacional): «En respuesta a su reclamo, hemos procedido a retirar el trabajo de nuestra web, al tiempo que notificamos a las autoridades de la biblioteca quienes harán lo propio en el repositorio institucional. En ambos casos, se deja debidamente expresado que ha habido un reclamo de plagio sobre el trabajo retirado».







    En Vozed tuve todo el apoyo en este tema desde el inicio, e incluso publicaron el texto «Monstruos y el plagio» para hacerlo público. Transcribo a continuación los primeros dos párrafos:


EN VOZED TENEMOS  un contador de las veces que copian un texto sin permiso, lo plagian o se lo auto-asignan, e, increíblemente, llevamos un número que lejos de ser pequeño va creciendo y creciendo. El último incremento en el contador de plagios ha sido para Lola Ancira -una escritora con una prosa fluida y que gusta trabajar con temas diferentes al resto de los escritores-, quién descubrió que  la profesora Graciela Noemí Carám, en un cátedra para la Didáctica de la Lengua y la Literatura II, presentó, dentro del Eje temático 1: Poéticas de autor@s, organizado por el Departamento de Letras, de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, una ponencia que se llama Los monstruos, Jung y los relatos orales: Por qué me gusta leer a Ana María Shua.
Entendemos que una ponencia donde se explica por qué el gusto por leer, en este caso el de la propia profesora Carám, no exige una escritura creativa, pero si propia. Está dando su opinión y contando su experiencia; y si hay un texto que no es suyo pero que expresa lo que siente y quiere decir, hubiera bastado citarlo, como manda el propio buen hacer de la investigación académica. A la profesora Carám se le olvidó poner las comillas y citar el texto entero de Lola Ancira. También se le olvidó poner comillas y citar un segundo texto, entero, que conforma el total de su ponencia… pero damos fe de que citó a Borges, a Boccanera y a Jung entre otros. (Continuar leyendo...)


    Tres de los cuatro enlaces que permitían acceder a la ponencia de Carám ya no están disponibles y muestran la leyenda «NOTA DE REMOCIÓN: Trabajo retirado con fecha 19-6-2017 debido a la recepción de un reclamo de plagio», así que sólo queda enviar otro correo al Colegio Nacional.

viernes, 14 de julio de 2017

Efecto vudú - Édgar Omar Avilés




Efecto vudú (Ediciones B, 2017) es la última novela fantparte ﷽﷽﷽﷽ peculiaridades de esta novela es que su argumento rpincipal en o termine por destuir todo lo que estástica publicada de Édgar Omar Avilés.
Ychi es el protagonista de una serie de historias que reflejan la transformación no sólo de su existencia, sino también de diferentes contextos sociales e históricos que en ocasiones son una ucronía que muestra lo que hubiera sucedido si un acontecimiento real hubiera concluido de otra forma.
Efecto vudú reúne ciencia ficción, drama, fantasía, melancolía, pesadumbre, una dura realidad y un vudú muy peculiar, todo ello originado por el sentimiento humano más natural: la negación de una madre, Madamme Garcell, ante la transformación accidental del adolescente Ychi, su único hijo, en zombi, y las interminables medidas tomadas y acciones realizadas para revertir esa desgracia a través del vudú cósmico, un conjunto de prácticas y creencias que involucran la astrología, que desafía el espacio y el tiempo y que lo mismo crea mundos posibles que hipotéticos.
Este vudú es uno de los más poderosos y peligrosos que existen en el universo de Ychi, pues pone en riesgo la existencia del mundo entero y todos sus habitantes. A Madamme Garcell, una experta bokor instruida en diferentes tipos de vudú, poco le importa instaurar el caos en el mundo y destruir todo lo que está a su alcance si ello significa recuperar lo que más ama, incluso aunque sea por algunos pocos minutos para después tener que intentarlo de nuevo una y otra vez.
En aproximadamente doscientas páginas y veinte capítulos, este libro incluye también una serie de magníficas minificciones, a modo de prefacio para cada uno de ellos, bajo el título de Las otras vidas de Ychi, que refiere a otras historias del protagonista.
Avilés demuestra en Efecto Vudú que hay una cantidad ilimitada de posibilidades. La creatividad del autor desafía la realidad y sus parámetros, estimula la imaginación e incita, con el lenguaje como proyectil dirigido directamente a la sensibilidad, a la reflexión.
Estas vidas de Ychi se desarrollan en escenarios tan opuestos como un cañaveral en Haití, durante 1940, un campo árido de una ciudad postapocalíptica en cuyo cielo radiactivo se desarrolla una batalla eterna entre robots y humanos, en el año 2453, o en España, durante 1821, en plena revolución industrial, donde Ychi trabaja como mago y científico venido a menos reviviendo cadáveres durante algunos minutos en «El insólito show de los infrahumanos» para una audiencia desesperanzada.
Otro de los escenarios, y uno de los más peculiares, es el Mundo de Papel, en el año 2790, en Rusia. Aquí, Ychi es el soberano de todo un reino de origami, creado con infinidad de tipos de papeles, que está en peligro de desaparecer y convertirse en cientos de trozos de papeles desdoblados.
Una de las peculiaridades de esta novela es que su temática principal parte de la premisa de que en Haití se utilizaban zombis (cuyo término y casos ganaron popularidad durante el siglo XX) como esclavos en los campos de cañas de azúcar de los caciques, lo que refleja la opresión y los abusos a los que eran sometidos, aparentemente incluso tras la muerte, los nativos de aquel país durante la década de los cuarenta.


Ilustración de un «zombie» esclavo
 hecha por Jean-Noël Lafarge


Fantasmas atrapados en batallas eternas, zombis esclavizados, muertos que son revividos sólo para contar sus trágicas historias, robots y todo un ejercito de origami que se alista para la guerra son algunos de los peculiares seres que acompañan a Ychi en estas páginas.
El imaginario de Avilés y su habilidad para crear mundos fantásticos y maquinar argumentos que los sustenten es sorprendente.  Su obra exhibe una sensibilidad peculiar que ahonda en reflexiones íntimas y que refleja cierta crítica social.

El libro está a la venta en librerías Gandhi, Porrúa, El Péndulo, El Sótano y EDUCAL.