miércoles, 29 de noviembre de 2017

Hibridaciones y desnacimientos (edición de Vozed)




Vozed cuenta con varias ediciones novedosas e interesantes, entre ellas las #intervenciones. En este mes publicó Hibridaciones y (des)nacimientos, editada por Enrique Urbina, en la que encontrarán textos intervenidos de Canek Zapata, Gabriela Damián, Roberto Cruz Arzabal y un cuento mío.

Estas hibridaciones son textos «alterados» con ciertos enlaces a videos, gifs, fotografías o entradas de otros sitios en internet que enriquecen la lectura de una manera sorprendente, y que incluso crean otros originales universos que surgen a partir de las ideas propuestas en las obras literarias.


Intervenciones (noviembre  2017) #literaturaDigital

Hibridaciones y (des)nacimientos

Toda #intervención tiene algo de exceso: se acerca (con lo grotesco y todo) al acto de un dios jugando con los hilos de una creación. Suya o de alguien más. Al final, se la apropia: si la literatura actúa en el vacío, en lo que no está, en lo que no se dice y, por lo tanto, en el hecho puro que va más allá de la constricción de la palabra, las #intervenciones llevan los ecos y atmósferas de los textos hacia regiones que ni el lector y el autor (que son lo mismo en este ejercicio) se imaginaban. Los textos toman consciencia y actúan.
Ocurren hibridaciones: se unen lenguajes distintos en especie y surgen piezas más que lecturas. Por eso, en esta nueva época de #intervenciones, donde Rodolfo JM me dio el honor de curar los textos que se avecinan, quise que, en esta primera entrega se explorara esa hibridación. Como tema sobre forma y/o visceversa. Siempre, en todo arte, incluso en el proceso de creación, la hay, pero la #intervención la muestra desnuda porque en sí misma es un objeto que nace, es y se encuentra suspendido entre lo artificial y orgánico. Tiene algo de estéril por su desescritura y algo orgánico por su lectura infinita.
Estamos planeando sobre terrenos no poco explorados, pero sí muy pantanosos y cambiantes; es necesario recorrerlos desde distintas formas y perspectivas. Por eso, estos cuatro autores y trabajos (jinetes digitales de un fin y comienzo simultáneo, en el peor de los casos) que dan (re)inicio a las #Intervenciones son muy diferentes entre sí. Y por eso funcionan.
Canek Zapata realiza, sublima y experimenta a través de el lenguaje que habitamos. Estudio sobre la historia de la fotografía I, Sherrie Lavine es un performance donde la imagen y palabra se invocan, pliegan sobre sí mismas y reescriben como teoría y arte. Ya no leemos la pieza, sino que, cuando se activa, somos a partir de ella.
Gabriela Damián, con La Calle en que crecí nos regala una entrañable memoria que es todas. Se clava en la carne multimedia y desnuda al tiempo: muestra que es un híbrido, nacido de sus propios hijos. Nos vacía y nos llena: es un espejo cóncavo donde nos vemos con otro rostro, uno hecho de muchos, que reconocemos muy bien. Lo virtual es lo real.
Roberto Arzabal nos recuerda que los textos son palpables. Con Materia e hibridez, breve ensayo y recorrido (material) por el término en cuestión, podemos acceder a una puerta, la primera entre muchas que hay en este tema. Nos muestra la entrada al laberinto.
Lola Ancira nos otorga una mirada sobre una mirada sobre una mirada. Con Circuito cerrado, cuento donde suceden empalmes de realidades, ojos y referencias, podemos ser y pensar El Ojo Que Todo Lo Ve, gran responsabilidad.
Queda, entonces, sumergirnos en las #intervenciones. Dejarnos ir. Infectarnos y ser otros. Ser híbridos.
Enrique Urbina, editor de #Intervenciones

martes, 28 de noviembre de 2017

Sleepwatcher - Luis Pérez de Sevilla





El miedo es una sensación natural que genera angustia debido a una amenaza o a un riesgo de cualquier tipo. La oscuridad representa un miedo primigenio porque era el refugio perfecto para los depredadores del hombre primitivo.

Actualmente los papeles se han invertido y somos la especie dominante del planeta; nuestros depredadores ya no pertenecen a la megafauna, sino a la ficción, son criaturas espeluznantes creadas por la fantasía: los monstruos, esos seres terroríficos que no necesariamente tienen tentáculos, pelo excesivo o largos colmillos y que incluso muchas veces sólo existen en la imaginación. Para el escritor Norman Mailer, los auténticos monstruos son quienes escriben las historias más agradables, de lo que se puede deducir que quienes se comportan de manera extraordinaria podrían ser, en la intimidad, los seres más atroces.

            Esta premisa se cumple en Sleepwatcher (Ediciones B, 2016) una novela policíaca de Luis Pérez de Sevilla (escritor español, 1979) que inicia con un epígrafe de Alejandro Dumas que describe a la perfección el desasosiego que genera lo ignorado: «No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor».

Los personajes y las tramas en las que se ven envueltos son descritos por un narrador omnisciente. Tres son los personajes principales: Daniel y Bryan, ambos hombres jóvenes que inician sus vidas profesionales, y el misterioso y temible Sleepwatcher, un ser aterrador que irrumpe en los dormitorios de las mujeres durante la madrugada para observarlas dormir.

Para el psiquiatra Carl Jung, la Sombra es la parte inconsciente de la personalidad y es representada a través de seres despreciables como monstruos y demonios. Precisamente las características del Sleepwatcher son la sombra que oculta su rostro, la agresión y los actos impulsivos relacionados con lo sexual, por lo que simboliza a la perfección la Sombra de Jung. El Sleepwatcher actúa conforme al principio del placer freudiano y el ansia de poder.

La novela inicia cuando Lourdes invita a Daniel, su hermano que vive en España, a visitarla en Canadá. A pesar de que ni siquiera se hablan desde hace años, Daniel decide realizar el viaje transatlántico sin dudarlo demasiado, pero esto no es una muestra de valentía, sino de su actitud contrafóbica: él no huye de lo que lo atemoriza, al contrario, se dirige a ello para encontrar respuestas, inicia una difícil búsqueda a la que no renuncia a pesar de lo aterrador que resulta en ocasiones. Enfrenta sus miedos esperando superarlos, confronta sus angustias para eliminarlas al tiempo que experimenta emociones fuertes. Actúa por instinto, y esto le añade a la novela una vorágine de sensaciones intensas que vuelven imposible abandonar la lectura.

A través de la mirada de Daniel conocemos la ciudad canadiense de Halifax, específicamente la zona de la Universidad de Dalhousie, y parte de su folclore. Descripciones precisas nos transportan al otoño de 2010, dos años después desde que las pesadillas de los residentes dejaron el terreno del inconsciente y se volvieron reales.




Halifax, Nueva Escocia


Conforme avanzan las páginas, las diferentes historias de los personajes se entrelazan sutilmente hasta quedar vinculadas por completo, y guiños de un pasado oscuro actúan como ganchos perfectos para el lector. Cada párrafo de los cuarenta y un capítulos intercalados ayuda a construir una trama perfectamente planeada que vincula desapariciones, secuestros, robos de cadáveres, una feroz venganza y ataques cada vez más terribles del Sleepwatcher.

Aunque varios capítulos funcionan perfectamente como una historia independiente, en conjunto aportan diferentes características del extraño criminal, y las visiones de todos los personajes nos ofrecen distintos ángulos para analizar un mismo hecho, crean conexiones y esclarecen el conflicto principal de la novela. La trama avanza a un ritmo constante gracias a las sucesivas acciones, y todos los personajes están bien construidos sin importar que sólo aparezcan en algunas páginas. En la parte final del libro, uno de los capítulos es un flashback crucial que muestra la razón que desata esta oleada tenebrosa de violencia.

La novela tiene ciertos visos de ficción histórica, pues el argumento principal está basado en una aparatosa colisión de un buque de Francia con un barco de Noruega que provocó una gran explosión y dejó miles de heridos y muertos en Halifax durante 1917. En esta novela, el autor juega con prácticas antiguas como la brujería, leyendas tradicionales como la del wendigo e historias reales como la del criminal Anatoly Moskvin.




Fotografía tras la explosión en Halifax


En cuanto a la brujería, incorporar un tema tan particular es fundamental para esta obra, ya que a través de este elemento el autor refleja supersticiones y fenómenos que incluyen ceremonias o ritos funestos rodeados de acontecimientos brutales en los que la ignorancia y la ambición llevan a realizar los actos más infames.

En la ficción, el terror es fascinante porque es irreal, entretiene, genera un miedo consciente y gratificante. Conocer lo monstruoso lleva a comprender mejor el origen de los miedos propios, y al desvelar las tribulaciones de los personajes de Sleepwatcher, surgen la empatía y la aflicción, mismas que desvanecen la incertidumbre y la tensión del lector.

Esta extensa novela reúne ciencia, historia, magia, un final abierto y prometedor y una esclarecedora e íntima nota del autor en la que especifica ciertas características de la obra que vuelven más íntima la experiencia de la lectura. Sleepwatcher es una novela sorprendente donde el misterio, las intrigas y las situaciones límite mantienen el suspenso hasta el punto final.


El pasado 18 de noviembre tuve el placer de presentar esta novela junto al autor, y desde el sábado 25 que inició la FIL de Guadalajara, Luis estuvo visitando en el stand de Ediciones B para conversar con los lectores.

Para conocer más sobre su proceso creativo, sus autores y lecturas favoritos y el universo del Sleepwatcher, pueden leer las entrevistas publicadas en los blogs El aventurero de papel, La morada del Búho Lector y La boca del libro. En la página www.sleepwatcher.org también pueden acceder a más noticias sobre el autor y su obra.

El libro está a la venta en Librerías GandhiEl SótanoPéndulo Amazon.






martes, 7 de noviembre de 2017

Sleepwatcher - Luis Pérez de Sevilla (presentación)





El sábado 18 de noviembre tendré el gusto de presentar, junto con Luis Pérez de Sevilla, la novela policíaca Sleepwatcher publicada por Ediciones B México (que ahora es un sello de Penguin Random House Grupo Editorial) en 2016. El autor viene desde Los Ángeles, así que será una oportunidad única. 

La cita es a las 19:00 en Librerías Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo, en la Ciudad de México. 

Una de las peculiaridades de esta novela es que está basada en hechos reales, y esto se atisba en el texto de cuarta de forros:


Tras años de distanciamiento entre Daniel y su hermana, ella le ha enviado 
a España una misteriosa carta acompañada por una llave invitándolo a visitarla. 
Proviene de Halifax, Nueva Escocia, ciudad en la que está trabajando en un 
laboratorio de investigación y donde, décadas atrás, ocurrió una tragedia naval 
que ha acarreado diversas consecuencias fatales. Sin dudarlo mucho, 
Daniel vuela a Canadá sin imaginar que tendrá que revelar una serie de horribles 
misterios que incluso ponen en riesgo su propia vida.



lunes, 30 de octubre de 2017

La muerte tiene permiso - Edmundo Valadés (cuento)





«La muerte tiene permiso» es un cuento de Edmundo Valadés publicado en 1955 en su libro de cuento homónimo, La muerte tiene permiso.



La muerte tiene permiso


Sobre el estrado, los ingenieros conversan, ríen. Se golpean unos a otros con bromas incisivas. Sueltan chistes gruesos cuyo clímax es siempre áspero. Poco a poco su atención se concentra en el auditorio. Dejan de recordar la última juerga, las intimidades de la muchacha que debutó en la casa de recreo a la que son asiduos. El tema de su charla son ahora esos hombres, ejidatarios congregados en una asamblea y que están ahí abajo, frente a ellos.
-Sí, debemos redimirlos. Hay que incorporarlos a nuestra civilización, limpiándolos por fuera y enseñándolos a ser sucios por dentro…
-Es usted un escéptico, ingeniero. Además, pone usted en tela de juicio nuestros esfuerzos, los de la Revolución.
-¡Bah! Todo es inútil. Estos jijos son irredimibles. Están podridos en alcohol, en ignorancia. De nada ha servido repartirles tierras.
-Usted es un superficial, un derrotista, compañero. Nosotros tenemos la culpa. Les hemos dado las tierras, ¿y qué? Estamos ya muy satisfechos. Y el crédito, los abonos, una nueva técnica agrícola, maquinaria, ¿van a inventar ellos todo eso?
El presidente, mientras se atusa los enhiestos bigotes, acariciada asta por la que iza sus dedos con fruición, observa tras sus gafas, inmune al floreteo de los ingenieros. Cuando el olor animal, terrestre, picante, de quienes se acomodan en las bancas, cosquillea su olfato, saca un paliacate y se suena las narices ruidosamente. Él también fue hombre del campo. Pero hace ya mucho tiempo. Ahora, de aquello, la ciudad y su posición solo le han dejado el pañuelo y la rugosidad de sus manos.
Los de abajo se sientan con solemnidad, con el recogimiento del hombre campesino que penetra en un recinto cerrado: la asamblea o el templo. Hablan parcamente y las palabras que cambian dicen de cosechas, de lluvias, de animales, de créditos. Muchos llevan sus itacates al hombro, cartucheras para combatir el hambre. Algunos fuman, sosegadamente, sin prisa, con los cigarrillos como si les hubieran crecido en la propia mano.
Otros, de pie, recargados en los muros laterales, con los brazos cruzados sobre el pecho, hacen una tranquila guardia.
El presidente agita la campanilla y su retintín diluye los murmullos. Primero empiezan los ingenieros. Hablan de los problemas agrarios, de la necesidad de incrementar la producción, de mejorar los cultivos. Prometen ayuda a los ejidatarios, los estimulan a plantear sus necesidades.
-Queremos ayudarlos, pueden confiar en nosotros.
Ahora, el turno es para los de abajo. El presidente los invita a exponer sus asuntos. Una mano se alza, tímida. Otras la siguen. Van hablando de sus cosas: el agua, el cacique, el crédito, la escuela. Unos son directos, precisos; otros se enredan, no atinan a expresarse. Se rascan la cabeza y vuelven el rostro a buscar lo que iban a decir, como si la idea se les hubiera escondido en algún rincón, en los ojos de un compañero o arriba, donde cuelga un candil.
Allí, en un grupo, hay cuchicheos. Son todos del mismo pueblo. Les preocupa algo grave. Se consultan unos a otros: consideran quién es el que debe tomar la palabra.
-Yo crioque Jilipe: sabe mucho…
-Ora, tú, Juan, tú hablaste aquella vez…
No hay unanimidad. Los aludidos esperan ser empujados. Un viejo, quizá el patriarca, decide:
-Pos que le toque a Sacramento…
Sacramento espera.
-Ándale, levanta la mano…
La mano se alza, pero no la ve el presidente. Otras son más visibles y ganan el turno. Sacramento escudriña al viejo. Uno, muy joven, levanta la suya, bien alta. Sobre el bosque de hirsutas cabezas pueden verse los cinco dedos morenos, terrosos. La mano es descubierta por el presidente. La palabra está concedida.
-Órale, párate.
La mano baja cuando Sacramento se pone en pie. Trata de hallarle sitio al sombrero. El sombrero se transforma en un ancho estorbo, crece, no cabe en ningún lado. Sacramento se queda con él en las manos. En la mesa hay señales de impaciencia. La voz del presidente salta, autoritaria, conminativa:
-A ver ese que pidió la palabra, lo estamos esperando.
Sacramento prende sus ojos en el ingeniero que se halla a un extremo de la mesa. Parece que solo va a dirigirse a él; que los demás han desaparecido y han quedado únicamente ellos dos en la sala.
-Quiero hablar por los de San Juan de las Manzanas. Traímos una queja contra el Presidente Municipal, que nos hace mucha guerra y ya no lo aguantamos. Primero les quitó sus tierritas a Felipe Pérez y a Juan Hernández, porque colindaban con las suyas. Telegrafiamos a México y ni nos contestaron. Hablamos los de la congregación y pensamos que era bueno ir al Agrario, pa la restitución. Pos de nada valieron las vueltas ni los papeles, que las tierritas se le quedaron al Presidente Municipal.
Sacramento habla sin que se alteren sus facciones. Pudiera creerse que reza una vieja oración, de la que sabe muy bien el principio y el fin.
-Pos nada, que como nos vio con rencor, nos acusó quesque por revoltosos. Que parecía que nosotros le habíamos quitado sus tierras. Se nos vino entonces con eso de las cuentas; lo de los préstamos, siñor, que dizque andábamos atrasados. Y el agente era de su mal parecer, que teníamos que pagar hartos intereses. Crescencio, el que vive por la loma, por ai donde está el aguaje y que le intelige a eso de los números, pos hizo las cuentas y no era verdá: nos querían cobrar de más. Pero el Presidente Municipal trajo unos señores de México, que con muchos poderes y que si no pagábamos nos quitaban las tierras. Pos como quien dice, nos cobró a la fuerza lo que no debíamos…
Sacramento habla sin énfasis, sin pausas premeditadas. Es como si estuviera arando la tierra. Sus palabras caen como granos, al sembrar.
-Pos luego lo de m’ijo, siñor. Se encorajinó el muchacho. Si viera usté que a mí me dio mala idea. Yo lo quise detener. Había tomado y se le enturbió la cabeza. De nada me valió mi respeto. Se fue a buscar al Presidente Municipal, pa reclamarle… Lo mataron a la mala, que dizque se andaba robando una vaca del Presidente Municipal. Me lo devolvieron difunto, con la cara destrozada…
La nuez de la garganta de Sacramento ha temblado. Soo eso. Él continúa de pie, como un árbol que ha afianzado sus raíces. Nada más. Todavía clava su mirada en el ingeniero, el mismo que se halla al extremo de la mesa.
-Luego, lo del agua. Como hay poca, porque hubo malas lluvias, el Presidente Municipal cerró el canal. Y como se iban a secar las milpas y la congregación iba a pasar mal año, fuimos a buscarlo; que nos diera tantita agua, siñor, pa nuestras siembras. Y nos atendió con malas razones, que por nada se amuina con nosotros. No se bajó de su mula, pa perjudicarnos…
Una mano jala el brazo de Sacramento. Uno de sus compañeros le indica algo. La voz de Sacramento es lo único que resuena en el recinto.
-Si todo esto fuera poco, que lo del agua, gracias a la Virgencita, hubo más lluvias y medio salvamos las cosechas, está lo del sábado. Salió el Presidente Municipal con los suyos, que son gente mala y nos robaron dos muchachas: a Lupita, la que se iba a casar con Herminio, y a la hija de Crescencio. Como nos tomaron desprevenidos, que andábamos en la faena, no pudimos evitarlo. Se las llevaron a fuerza al monte y ai las dejaron tiradas. Cuando regresaron las muchachas, en muy malas condiciones, porque hasta de golpes les dieron, ni siquiera tuvimos que preguntar nada. Y se alborotó la gente de a deveras, que ya nos cansamos de estar a merced de tan mala autoridad.
Por primera vez, la voz de Sacramento vibró. En ella latió una amenaza, un odio, una decisión ominosa.
-Y como nadie nos hace caso, que a todas las autoridades hemos visto y pos no sabemos dónde andará la justicia, queremos tomar aquí providencias. A ustedes -y Sacramento recorrió ahora a cada ingeniero con la mirada y la detuvo ante quien presidía-, que nos prometen ayudarnos, les pedimos su gracia para castigar al Presidente Municipal de San Juan de las Manzanas. Solicitamos su venia para hacernos justicia por nuestra propia mano…
Todos los ojos auscultan a los que están en el estrado. El presidente y los ingenieros, mudos, se miran entre sí. Discuten al fin.
-Es absurdo, no podemos sancionar esta inconcebible petición.
-No, compañero, no es absurda. Absurdo sería dejar este asunto en manos de quienes no han hecho nada, de quienes han desoído esas voces. Sería cobardía esperar a que nuestra justicia hiciera justicia, ellos ya no creerán nunca más en nosotros. Prefiero solidarizarme con estos hombres, con su justicia primitiva, pero justicia al fin; asumir con ellos la responsabilidad que me toque. Por mí, no nos queda sino concederles lo que piden.
-Pero somos civilizados, tenemos instituciones; no podemos hacerlas a un lado.
-Sería justificar la barbarie, los actos fuera de la ley.
-¿Y qué peores actos fuera de la ley que los que ellos denuncian? Si a nosotros nos hubieran ofendido como los han ofendido a ellos; si a nosotros nos hubieran causado menos daños que los que les han hecho padecer, ya hubiéramos matado, ya hubiéramos olvidado una justicia que no interviene. Yo exijo que se someta a votación la propuesta.
-Yo pienso como usted, compañero.
-Pero estos tipos son muy ladinos, habría que averiguar la verdad. Además, no tenemos autoridad para conceder una petición como esta.
Ahora interviene el presidente. Surge en él el hombre del campo. Su voz es inapelable.
-Será la asamblea la que decida. Yo asumo la responsabilidad.
Se dirige al auditorio. Su voz es una voz campesina, la misma voz que debe haber hablado allá en el monte, confundida con la tierra, con los suyos.
Se pone a votación la proposición de los compañeros de San Juan de las Manzanas. Los que estén de acuerdo en que se les dé permiso para matar al Presidente Municipal, que levanten la mano…
Todos los brazos se tienden a lo alto. También las de los ingenieros. No hay una sola mano que no esté arriba, categóricamente aprobando. Cada dedo señala la muerte inmediata, directa.
-La asamblea da permiso a los de San Juan de las Manzanas para lo que solicitan.
Sacramento, que ha permanecido en pie, con calma, termina de hablar. No hay alegría ni dolor en lo que dice. Su expresión es sencilla, simple.
-Pos muchas gracias por el permiso, porque, como nadie nos hacía caso, desde ayer el Presidente Municipal de San Juan de las Manzanas está difunto.

miércoles, 25 de octubre de 2017

XXIX Festival La muerte tiene permiso. Homenaje a Juan Rulfo




Hoy inició el XXIX Festival La muerte tiene permiso (homenaje a Juan Rulfo) organizado por la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Tlaxcala en el auditorio de Ciencias de la Educación.

Habrá diversas mesas, proyecciones de cortometrajes, exposiciones, ponencias, conferencias magistrales, lecturas y una obra de teatro, y también tendré el honor de presentar mi libro, Tusitala de óbitos, el jueves 26 de octubre a las 11:00 horas. 

La temática del festival es, por supuesto, la muerte y todo lo relacionado con ésta en diversos ámbitos culturales, especialmente en la literatura.


Recomiendo especialmente las mesas de ponencias «Susurros de muerte» (hoy a las 13:00 horas, en la que participará Iliana Vargas) y «Las voces del otoño perpetuo» (hoy a las 16:00 horas, en la que participarán Alejandro Badillo y Miguel Antonio Lupián), así como la conferencia magistral de narrativa que ofrecerá Bernardo Esquinca el jueves 26 a las 17:00 horas.

¡Allá nos vemos!




lunes, 23 de octubre de 2017

Microcolapsos - Cecilia Eudave




Microcolapsos (Paraíso Perdido, 2017) de Cecilia Eudave (escritora mexicana, 1968) forma parte de la colección Biblioteca Instantánea.

Esta obra de literatura breve creada a partir de ideas fantásticas y originales está dividida en cinco secciones: «Intangibles realidades», «El desencanto sutil de las cosas», «¿Sentencias o advertencias?» y «De naturaleza insólita o imaginada».

Estos pequeños colapsos —algunos incluso de unas cuantas palabras— cimbran la realidad para mostrarnos qué hay detrás de lo ordinario, de lo conocido. Eudave le otorga voz a lo silencioso y pensamiento a lo inanimado, regalándonos así perspectivas sobre lo habitual poco exploradas, creando «lo cotidiano fantástico», como ella misma lo describe.

«Fantasmas», el primer texto, nos ofrece una explicación sorpresiva sobre qué son los espectros: «Los fantasmas son puros remordimientos, sólo eso», una fuerte consideración que sin duda conlleva a la reflexión.

El objeto principal en «Imágenes de utilería» es un espejo, «un clóset de imágenes de utilería que alguna vez sirvieron para el narcisismo de alguien». Para Eudave, los espejos son los mundos alternos que guardan todo aquello que han reflejado, a modo de quedarse con su alma, lo mismo si son seres vivos que objetos.

«Bacteria mundi» evidencia una preocupación por elementos microscópicos que, a pesar de ser diminutos, pueden provocar cambios considerables en los organismos que los alojan.

La idea de la reproducción en «El demonio del viernes» no puede ser más acertada: «Lo eterno es lo que se pasa de generación en generación, así nos perpetuamos como ideas benéficas o perversas».

«Por qué escribes mal las palabras» muestra todo un universo creado a partir de la dislexia, esa visión del lenguaje trastocada y que no representa necesariamente confusión ni lo extingue, sino que lo expande, lo diversifica.

«Laberinto» es un texto preciso y cautivador que compara las vidas de las personas con estas obras arquitectónicas peculiares y confusas: los humanos somos eso, un caos, un enredo de sentimientos y pensamientos pululando y tratando, en el mejor de los casos, de resolvernos o de resolver a otros, creando más confusión en el intento.

«La sibila» refleja el miedo paranoico de que alguien que sepa algo muy personal sobre otra persona se atreva, por alguna cuestión, a hacerlo público: «Ya se sabe que todos guardamos un oscuro y turbio secreto».

«De natura» es la historia de un botánico caracterizado como una especie de dios, obsesionado con cierto tipo de árbol y sus frutos únicos, en donde hay un sutil guiño a La invensión de Morel, de Bioy Casares.

Las ideas atractivas de Microcolapsos evidencian que hay infinidad de cuestiones que nunca estará de más considerar, y que bajo el pesado telón de la realidad siempre subyace la imaginación.  

El libro está a la venta en la página en linea de la editorial.

En este bello clip hecho por Paraíso Perdido, pueden escuchar algunas de las razones por las que escribe Cecilia Eudave:




jueves, 19 de octubre de 2017

Nómada (texto publicado en Vozed #64)

Portada de Arancha Pinar



Regresé a la revista digital Vozed con un pequeño texto que habla sobre cierta zona (una de tantas) de esta gran ciudad, y seguramente tocará fibras sensibles por lo hechos de hace unas semanas. Cabe aclarar que lo escribí mucho antes, era el texto que tenía pensado leer para el proyecto CDMX TXT y que, por varias razones, cambió de destino. 

Este texto o viñeta bien se podría catalogar como lo que el gran Juan José Arreola definía como «varia invención», pues no pertenece a un género literario en sí.

En la primera parte de la revista Vozed número 64, Texturas 1/2, «cuando cada uno escribe de lo que le jode...» podrán encontrar cuentos de Macarena Muñoz Ramos, Vicente Monroy y Elisa Aveces, textos de Cesar S. Sanchez, poemas de Ricardo Limassol y Sofía Cham, entre otros autores, e incluye una sección de ilustraciones y fotografías.



NÓMADA 

(Metro de Estocolmo. Fotografía de Harry Peronius)



ÉSTE ES UN paisaje que cambia como el follaje de los árboles con las estaciones, testigos mudos de desgracias amontonadas hasta el hartazgo. Esta ciudad se ha sacudido para librarse de tantos y sin embargo nos sigue atrayendo con su magnetismo. Es un pastiche de ideologías, prejuicios y tolerancia, antipatías y fraternidad.
El encanto particular de la calzada de Tlalpan reside en su identidad: quienes la habitan son híbridos entre hombres y mujeres cuyas categorías se difuminan en la noche, en los billetes de los que buscan entretener sus propios dolores con cuerpos ajenos.
Mi ser ligero se desplaza indiferente a la vida cotidiana, a sus aversiones. Observo más de lo que soy capaz de acumular en mi mente, experimento más de lo que puedo analizar. Camino hasta agotar mis extremidades, mis pensamientos. Soy una luz que avanza hacia las sombras de lo desconocido, un mecanismo que no conoce el retroceso. Frágiles barreras de piel y tinta me delimitan de las miradas tenaces que me hacen andar con prisa, casi a galope, alerta. Aprendí aquí, en poco tiempo, que la confianza es un lujo reservado para pocas ocasiones. (Continuar leyendo en Vozed)