jueves, 27 de junio de 2013

La invención de Morel - Adolfo Bioy Casares




Creo que perdemos la inmortalidad porque la resistencia a la muerte no ha evolucionado; sus perfeccionamientos insisten en la primera idea, rudimentaria; retener vivo todo el cuerpo. Solo habría que buscar la conservación de lo que interesa a la conciencia.”
Adolfo Bioy Casares


Reseña personal: La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares (escritor argentino, 1914-1999), es una novela escrita en 1940 y es una de sus más famosas obras, perteneciente a la literatura fantástica. Bioy formaba parte de una familia acaudalada, lo que le permitió dedicarse a la literatura sin mayores conflictos. Realizó algunos estudios universitarios pero no los concluyó. A los 18 años es presentado con Jorge Luis Borges, con quien surge una fuerte amistad y gracias a eso escribirían ambos, bajo diferentes seudónimos, relatos policiales. Se casó con Silvina Ocampo, quien también era escritora, y los tres publicaron el libro Antología de la literatura fantástica, una compilación de cuentos fantásticos, que también se publicó en 1940 (libro que no he leído pero que por supuesto está en mi lista de espera). Bioy recibió el Premio Cervantes y el Premio Internacional Alfonso Reyes en 1990 y fue considerado por Borges como uno de los escritores argentinos más distinguidos.

La novela fue prologada por Borges, por supuesto, y termina con famosa frase 'He discutido con su autor los pormenores de su trama, la he releído; no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta.' Aquí está el enlace del prólogo completo de la novela. 

Hace ya algunos años que leí esta novela y es una de mis predilectas. Después de leerla quedé enganchada a Bioy y el hecho de que fue un amigo tan cercano de Borges, a quien ya admiraba, sólo confirmó su genialidad.

La novela está narrada en primera persona a través del diario de su protagonista, un prófugo que en su frenética huida llega a una isla misteriosa de la que le habían hablado antes de fugarse. Descubre que en la isla hay algunas edificaciones abandonadas y dentro de ellas diversos artefactos e incluso una biblioteca. Él mismo justifica la escritura de su diario en la siguiente frase: Considero que este pensamiento es un vicio: lo escribo para fijarle límites, para ver que no tiene encanto, para dejarlo.”

Una noche, el sonido de música y las voces de una reunión de varias personas atraen su atención hacia una de las construcciones, que en un principio creyó abandonadas, al igual que la isla. ¿Quiénes serían esas personas y que estarían haciendo ahí? y ¿cómo poder saberlo? Estas personas eran tan misteriosas como todo lo que le había ocurrido desde su fuga: “No fue como si no me hubiera oído, como si no me hubiera visto; fue como si los oídos que tenia no sirvieran para oír, como si los ojos no sirvieran para ver.”

Sucesos aún más insólitos ocurren después de este evento a un grado tal que él mismo escribe: “Me conmovía el pavor de estar en un sitio encantado y la revelación confusa de que lo mágico aparecía a los incrédulos como yo, intransmisible y mortal, para vengarse.”

La invención de Morel es un mundo de imágenes creado por la reproducción de las almas grabadas mediante un complejo mecanismo que se activa con la fuerza de las mareas, reproduciendo un segmento de la vida de las personas que participaron en la filmación. Es un mecanismo idéntico al que activamos al recordar acontecimientos del pasado o al divagar en nuestra imaginación sobre lo que podría suceder en el futuro. En el subconsciente este mecanismo también está en uso y es en los sueños cuando más vivas nos parecen todas las imágenes recreadas por la mente. Inclusive algunas personas podríamos afirmar haber tenido sueños reales porque involucraban otros sentidos, como el tacto o el olfato, al igual que pasa en La invención de Morel, donde no solamente está en juego el sentido de la vista.

A menudo he pensado ¿qué pasaría si las almas de los seres humanos que residían en la tierra fueran visibles? Lo principal, claro está, seria un desajuste emocional para las personas, y probablemente no habría espacio suficiente para todos, a pesar de sus cuerpos inmateriales. Quizá, para un buen funcionamiento de la sociedad (a pesar de todas las otra fuentes de desajustes anímicos ya existentes e incluso creados por nosotros mismos) estas visiones están vetadas.

Las personas que hacemos caso a nuestra invención, construimos (o perseguimos) nuestro futuro a partir de primicias nacidas de las imágenes mentales que nos otorga. Al igual que el fugitivo, hacemos todo lo posible por alcanzar lo anhelado para nosotros mismos. A pesar de que no todas las invenciones se expresan de la misma forma, y de crear unos mundos más fantásticos unas que otras, cada quien tiene un mecanismo interno que proyecta el pasado y el futuro, dependiendo del estado anímico y los pensamientos repentinos.

La invención es precisamente lo que hace al escritor crear mundos alternos, poner en marcha mediante diferentes artificios o sustancias (naturales o sintéticas) a su genio creador, alimentando el combustible mediante otras invenciones, otros mundos alternos creados mediante palabras amalgamadas que ha leído previamente, dejando funcionar a la máquina y creando una nueva y propia obra al fluir los términos a través de las manos, la máquina de escribir, el teclado de una computadora o la tinta de una pluma. El escritor crea mundos inexistentes basados en el ya conocido, que podrían ser por completo imaginarios e incluso ficticios, pero siempre con bases y/o fundamentos verídicos, por más mínimos que sean, y por las cuales tenemos la capacidad de pensar y construir, interpretando mediante imágenes, un plano diferente al de la existencia terrenal. La imaginación, emergiendo y siendo incitada de esta manera, crea una trascendencia metafísica personal, que claramente va más allá de la existencia física y perecedera.

Bioy creó una isla donde lo fantástico no es algo sobrenatural, sino que es la realidad per se. La fantasía como realidad le da un giro a la perspectiva de la vida misma, tal como lo vivió el fugitivo.

La ciencia ficción, tan aclamada por Bioy y muchos otros escritores de éste género literario, es lo que estamos viviendo actualmente. Todos los avances científicos, dispositivos electrónicos y aparatos que sólo era posible imaginar (dado el grado de extrañeza que generaban en la sociedad) son los aparatos en los que basamos nuestras vida diaria. Las cámaras digitales, los dispositivos de grabación (voz, imagen, video), los proyectores y televisores, las salas de cine e incluso las proyecciones en tercera dimensión, los juegos en línea que conectan a millones de seres humanos mediante un aparato que cuente con Internet y el Internet mismo, que facilita el intercambio y el acercamiento a todo tipo de información y personas de la manera más rápida y eficaz, están modificando tanto la mentalidad como la forma de vida de las personas desde hace ya varios años.

El posible alcance de la tecnología, a partir de lo que puede inducirse por la imaginación, ha dado paso a que el ingenio y la fantasía conciban aparatos y artefactos que son creados posteriormente por científicos e investigadores de todo el mundo. La invención de Morel incluso podría ser algo existente, o emerger al mundo real en unos años. Todo queda reservado a la imaginación del hombre, y nada más.

martes, 25 de junio de 2013

Salón de belleza - Mario Bellatin



Hay que salvarse para la muerte. Para que la muerte no llegue sin sentido, sino justa, exacta, limpiamente.”
José Revueltas


Reseña personal: Mario Bellatin (escritor peruano-mexicano, 1960), en su novela corta Salón de belleza (1994), habla sobre la comunidad homosexualidad y los inicios de una enfermedad mortal (no denominada pero que por sus características, podría ser el SIDA) entre sus miembros, en los tiempos en que la medicina no tenía avances significativos en el tratamiento para los pacientes infectados por este nuevo virus, que atacaba y fulminaba a los infortunados. El protagonista (sin nombre) es propietario de un salón de belleza que para el momento en que empieza a relatar la historia, ya está convertido en un “moridero”, donde sólo admite personas del sexo masculino, infectados y en etapa terminal. Tanto el lugar como el dueño ahora tienen un papel opuesto al que tenían hace tiempo y ahora ya no cuidan de la belleza física, sino de la espiritual: «No me conmovía la muerte en cuanto tal. Buscaba evitar que esas personas perecieran como perros en medio de la calle… En el Moridero contaban con una cama, un plato de sopa y la compañía». Esperan la muerte con decoro y como una bendición, como un visitante que ha de poner fin a un conteo de días incalculable.

Esta enfermedad es una sentencia que acorta la vida, una muerte que va avanzado hasta obtener el dominio completo de la persona, del lugar, del objeto. En realidad, la enfermedad incurable es la muerte, de la que todos estamos infectados desde el momento de nacer y a la que sólo podemos postergar mediante diversos métodos espirituales o religiosos, naturistas, físicos, psicológicos o lógicos e incluso artificiales, científicos y metafísicos. Una persona podría luchar de varias formas contra la muerte, pero nunca la vencerá. Lo que se puede modificar es la actitud hacia ella, práctica que el protagonista pone en marcha a partir de cierto momento específico que ya había planificado.

En Salón de belleza se aprecia una analogía de la condición humana y el lugar donde se desarrolla la novela: ese lugar cerrado, que tuvo su momento de esplendor y belleza, terminó convertido en algo completamente diferente y en decadencia, distante a la sociedad pero manteniendo ese halo de misticismo en torno a la enfermedad, entre vestigios de belleza y memorias que sostienen aún a los espíritus. Pareciera que los cuerpos enfermos infectaron al salón y el declive se volvió armonía, contrastando con los vívidos recuerdos de esplendor y divinidad que narra el protagonista, adornados de lentejuelas, tacones altos, maquillaje, pelucas y vestuarios maravillosos.

En lo referente a la homosexualidad, a pesar de estar presente desde la antigüedad, ha sido algo condenado por diversas culturas. Actulamente los homosexuales son satanizados por la sociedad purista. En la novela de Bellatin, se les otorga una enfermedad fatal, una especie de epidemia que ataca en su mayoría a “especímenes” de este grupo, estigmatizándolos de esta forma por sus gustos distintos. Así, se le está dando a la enfermedad un papel mucho más deplorable y fatídico de lo que ya representa en sí, algo más aterrador, agobiante, que se relaciona directamente con el alma y la médula de la humanidad, algo que toca las fibras invisibles del espíritu más allá de sólo afectar al cuerpo físico. Un posible motivo es que la sociedad pretende encontrar un método infalible para acabar con algo que altera su visión y anhelo de un mundo perfecto: los otros. Parece ficticio pensar que el origen de una enfermedad mortal haya sido creado para exterminar a un sector repudiado por la sociedad, pero no está más lejos de la realidad de los campos de concentración alemanes o la bomba nuclear que devastó a Hiroshima y Nagasaki, todos ellos inventos de la gran 'genialidad' humana.

Respecto a la diversidad, esto no es el problema, el verdadero problema es la ceguera mental que ataca a cientos de miles de personas, entre ellos los dueños del poder, y que los hacen querer desaparecer a toda costa a las personas que son diferentes a ellos en cualquier ámbito, dejándoles cabida sólo en la condena, el aislamiento y el sufrimiento hasta su extinción, al igual que en el moridero.

En pleno siglo XXI seguimos luchando por la supervivencia: el espacio es cada vez más reducido, los recursos naturales se extinguen rápidamente y los artefactos de destrucción individual o masiva son más prolíferos, abundantes y asequibles (si es que no son ya gratuitos). La posmodernidad, que apareció en la segunda mitad del siglo XX, se deja ver claramente en la obra de Bellatin. Él forma parte de la generación de la década de los 60’s, de personas que crecieron sin utopías, sumergidos en problemáticas sociales y económicas en constante transformación a través de los medios y la tecnología. La fría lógica racionalista del capitalismo ha diluido conceptos tales como fraternidad, solidaridad, compañerismo y colaboración entre seres humanos, transgrediendo los principios de la naturaleza y al ser humano en sí mismo. Bellatín crea una oposición a esto con su salón y posteriormente con su moridero.

Salón de belleza propone aceptar a la muerte como algo digno de cada persona, sin retrasarla ni adelantarla, simplemente esperando el momento exacto. La idea de Bellatin es la más lógica de todas: embellecer el cuerpo, durante nuestra existencia terrenal, es embellecer al mundo tanto para nosotros como para los demás. La felicidad es algo que cualquiera quiere en su vida, y en occidente belleza es sinónimo de felicidad. La felicidad, independientemente de su duración, es considerada la principal razón de nuestra existencia.

El salón de belleza es como el mundo, la muerte no es un misterio, es un hecho real y contundente al que todos llegaremos, Bellatin nos muestra entonces un fragmento del mundo que se ha curado de la ridícula idea de la vida eterna y que afronta la muerte como un paso más en el ciclo, como la consumación del sufrimiento que en veces puede representar la vida.

Para comprender mejor a Bellatin, es necesario buscar entre sus letras desde una perspectiva propia y siempre receptiva, pues podríamos encontrar interpretaciones incluso dentro de una pecera del Salón de belleza o en alguna frase críptica que a través de palabras específicas nos revelará una verdad oculta.

martes, 18 de junio de 2013

La violencia con que vivimos


Fotografía de Jock Sturges



«Es necesario comprender quién pone

en práctica la violencia... si son los

que provocan la miseria o los que

luchan contra ella»

Julio Cortázar

La sociedad del siglo XXI es hasta ahora, la víctima más perjudicada por la violencia que ninguna otra. Actualmente, la violencia afecta no sólo físicamente, sino de manera económica, política, psicológica e ideológica y en una escala mucho mayor: a nivel mundial. La violencia, entendida como perjuicio o imposición grave, ya no sólo se mantiene en ciertos sectores de algunas naciones ni grupos sociales: se ha configurado de forma tal, que las personas que no sufren de ella son únicamente aquellas que están apartadas por completo de la sociedad moderna (pero incluso podrían ser consideradas como víctimas del aislamiento).



Gran peso de esta problemática recae en el capitalismo y su globalización, la falta de empatía y pobres relaciones interpersonales y una inteligencia emocional poco desarrollada, debido a la mínima importancia que se le confiere al ser humano como tal, lo que da como resultado la indiferencia hacia diversos tipos de violencia social y la despersonalización -a la que han orillado los mismos medios y grupos sociales a los seres humanos-. Esto facilita que se puedan cumplir ciertos trabajos que de otra manera sería imposible que realizaran, como son los que están directamente relacionados con el narcotráfico y los crímenes que se derivan de él. Uno de los primero escritores en tomar cartas en el asunto fue el colombiano Fernando Vallejo, que a través de La virgen de los sicarios (1994), recrea la vida de un adolescente de bajos recursos cuya vida está sumergida en la violencia y las drogas y decide ser sicario, para al menos mejorar su nivel económico, a pesar de poder perder la vida en cualquier momento. Vallejo retrata la realidad de la manera más fiel posible, acercándonos así a los barrios más bajos de Medellín y a la vida de esos individuos que pareciera fueron creados en serie, sin más finalidad que matar o ser matados.



Podemos ver a la sociedad entonces como víctima y carne de cañón en un juego injusto donde sólo unos cuantos (como siempre, en la historia de la humanidad) ostentan el poder y la seguridad necesarios para poder sobrevivir.



En otro ejemplo literario, el escritor estadounidense Robert Sheckley, a través del cuento La décima víctima (1965), describe a una sociedad que ha superado la necesidad de estar en o tener guerras porque han erradicado el sentimiento natural de violencia en el hombre de la siguiente manera: creando una asociación que regula asesinatos entre diferentes personas del mundo, que cuenta con un código de comportamiento y reglas, como cualquier otra agrupación que busca un fin común, en este caso, la paz mundial al menor costo: sólo algunas vidas, anualmente.



Una muestra de violencia a gran escala es una guerra mundial, y a pesar de que hace décadas que sucedió la última, existe una amenaza constante para la próxima: hace unos meses Corea del Norte advirtió a Estados Unidos, Corea del Sur y Japón. Anterior a este “aviso”, tres o cuatro años atrás, una crisis diplomática tensó las relaciones de los países aliados de Venezuela (Rusia, Corea del norte, China e Irán) con los de Colombia (E.U., Corea del sur, Unión Europea e Israel), sin mencionar las innumerables veces que Estados Unidos estuvo involucrado en conflictos bélicos y guerras, sin olvidar la invasión que ha llevado a cabo desde 2001 hasta la fecha sobre Afganistán.



El problema del narcotráfico existe porque hay consumidores, y lo que no se dice públicamente es que Estados Unidos es el primer país en la lista de consumidores de narcóticos. No dejará de ser negocio hasta que la demanda no cese, y lo incongruente del asunto es la doble moral de un país problemático por excelencia, que crea el infortunio pero demuestra que ayuda a combatirlo... y que, claro, no puede erradicarlo, ya que depende de ello para sobrevivir.



Otro escritor colombiano que decide escribir al respecto es Juan Gabriel Vásquez, quien a través de El ruido de las cosas al caer (Premio Alfaguara 2011), relata ciertos visos de la historia del narcotráfico y Colombia, pues hace necesarias alusiones a Estados Unidos debido a que los personajes secundarios son pertenecientes al Pace Corps (cuerpos de paz), un programa del gobierno para enviar ciudadanos americanos voluntarios a diferentes localidades del mundo para ayudar a los nativos con problemas sociales o económicos, por lo que Sudamérica fue uno de sus principales destinos desde el inicio. Debido a que Colombia se convirtió en el principal exportador de mariguana (y posteriormente de cocaína) del mundo, el traslado del producto de este comercio fue adoptado con gran remuneración económica por este “cuerpo de paz”, que a pesar de realizar un trabajo real en la sociedad, a través de sus enviados, se beneficiaba ilícitamente de la explotación de los fértiles campos colombianos y de las personas involucradas, quienes a cambio de una parte de las ganancias (menor, por supuesto) arriesgaban la libertad y la vida misma, en el peor de los casos.



De todo lo anterior, se deduce que no hace falta que el planeta esté en guerra, pues las constantes guerras privadas entre algunos países e incluso determinados grupos sociales, como los cárteles y organizaciones ilícitas que gobiernan ahora gran parte de los territorios latinoamericanos y que se dedican a realizar diversas actividades criminales, tienen incluso más poder económico y de otras índoles que los mismos gobiernos de estos países. Toda esta problemática está más que reflejada en la literatura del narcotráfico o “narcoliteratura”, término acuñado hace algunos años, cuando la narrativa con esta temática entró en apogeo, como necesidad de expresar y denunciar, a través del lenguaje escrito, la crudeza de una realidad que afecta incluso a quienes no tienen que ver directa o remotamente con el narcotráfico.



Pero la violencia no es un producto estrictamente político o de actividades ilegales como el narcotráfico, pues la agresividad es inherente al ser humano; lo que habrá que erradicar es una conducta enfermiza e innecesaria que genera diversas manifestaciones de disfunción social y puede producir angustia, tristeza, ansiedad o pérdida de autoestima, en los casos más usuales.



Las causas principales de estas manifestaciones de violencia son los factores biológicos, la masificación de los individuos, los cambios climáticos debido a la polución, la contaminación auditiva y visual, la crisis económica o la falta de oportunidades laborales y educativas de calidad.



Actos tan simples como usar audífonos al salir a la calle nos aísla del grupo social del que formamos parte y nos incita a seguir pensando que el mundo sólo somos nosotros mismos. Un poco de empatía y las mínimas muestras de educación y cultura (saludar, pedir permiso, ceder el asiento, ayudar a un desconocido) no cambiarán la situación actual de la violencia en el mundo pero sí la de nuestro entorno, que es lo que nos afecta día con día y directamente.


Para evitar ser parte de la indiferencia, podemos empezar ahora por tratar de hacer un cambio nosotros mismos y experimentar directamente un cambio positivo de actitud que, en el mejor de los casos, podríamos contagiar a los demás.

Lola Ancira, México, 2013. 

martes, 11 de junio de 2013

Origami para un día de lluvia – Manuel Ulacia

Fotografía por Lourdes Almeida



Reseña personal: Origami para un día de lluvia de Manuel Ulacia (escritor español exiliado en México, 1956-2001), es su obra más conocida, publicada en 1990. Es un poema de aproximadamente 42 páginas y por la extensión me recuerda a Altazor, de Huidobro, que en algún momento tendremos por aquí. No suelo leer poesía, generalmente leo narrativa y mi preferido es el cuento. La singularidad de este poema fue que llegó a mí en el momento preciso en que yo también comenzaba a crear mis origamis de particulares y pesarosos recuerdos.

En cuanto al autor, Ulacia llegó a México después de que inició la Guerra Civil y fue gran amigo de Octavio Paz. Escribió poesía y ensayo, fue Licenciado en Arquitectura y Doctor en Letras Hispánicas por la Universidad de Yale, cuando falleció, era profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. A su muerte aún la cubre una nube de misterio, pues no se sabe si fue un accidente, suicidio o asesinato: en un viaje de placer a las playas de Ixtapa con un matrimonio amigo, después de un extraño suceso sólo la pareja salió con vida. El cuerpo de Ulacia fue encontrado después.

Origami toca el complicado tema de las relaciones interpersonales de manera autobiográfica, la más sincera (y quizá única) que existe para este propósito, recordando a los demás “entre ausencias aún presentes, que dejaron el mundo en una primavera helada”. Construye un mundo imaginario de recuerdos a través del papel en el presente. Recuerda viejos dobleces que son los únicos que pueden guardar el pasado, juega con diferentes figuras que tienen fechas e inscripciones diferentes, en orden cronológico. Saca del baúl hecho de reminiscencias de su infancia pequeñas y delicadas figuras de origami encargadas de hilvanar su historia amarga hasta ese día de lluvia en el que decide rememorar.

La construcción del pasado y la analogía de ubicar los recuerdos mediante figuras de origami son una idea demasiado detallada y que inunda a los actos mismos de afligidos recuerdos que se tienden sobre un terciopelo de tristeza. La lluvia, siempre presente en el estribillo reiterado, deja el sentimiento de melancolía impregnado en la atmósfera del poema, como un eterno llanto que acompaña a Ulacia por las pérdidas que ha de sufrir en dualidad con las alegrías o gozos que recordará con nostalgia.

Placer y sufrimiento se encuentran en la vida del ser humano como una dualidad inalienable. La vida está llena de encuentros furtivos o duraderos, de relaciones que marcarán nuestra vida de diversas maneras y que conformaran nuestra personalidad, marcas que harán dobleces en nuestras hojas lisas, creando con cada uno de ellos una figura de lo más simple hasta lo más fantástica, con dobleces tenues, suaves, o marcados hasta el tuétano: estamos formados por lo que hemos vivido.

Se podría llegar a pensar que las relaciones interpersonales donde se involucran sentimientos intensos negativos e insanos (que generalmente tienen un final inminente) no tienen una razón muy lógica. Pero quizá, en realidad la razón de que todo esto tenga siempre un fin es poder tener la esperanza de un nuevo comienzo, que sin lugar a dudas, en un principio traerá satisfacción, pero la forma en la que suceda el desenlace será siempre algo ignorado, existiendo siempre la fatal predisposición a la ruptura.

Cada vez se hace más difícil encontrar a una persona con la cual podamos estar un tiempo prolongado de nuestra existencia, cada vez somos seres más complejos que se individualizan, que inconscientemente nos apartamos de la realidad y creamos barreras invisibles contra los demás. Cada vez nos es más difícil olvidar el pasado y amar a otro abiertamente, cada vez son más los prejuicios, los miedos, los traumas.


Ulacia nos muestra su fauna mental de origamis desdoblándonos el misterioso secreto de cada figura mediante su relación con el pasado, extendiendo cada dobles para dejar expuesto a la vista y a los sentimientos el enigma y desconsuelo que encierran cada una de ellas. Configuración de un amor con todos sus diversos significados pero con una misma intensidad inaudita, saber al objeto del deseo no propio, sino ajeno. El dolor, la incertidumbre. Y las preguntas eternas con las respuestas perdidas entre la paranoia, las alucinaciones, las divagaciones.

viernes, 31 de mayo de 2013

Inframundo – Javier A. Moreno



Tal vez con el tiempo es más difícil aceptarse porque todas las cosas malas
y recurrentes se sienten cada vez peores, más tristes, más irreparables.”
Javier A. Moreno


Reseña personal: Inframundo de Javier A. Moreno (Colombia) es un libro de cuentos publicado en formato eBook en 2010. Este es su primer libro de relatos breves.

El libro está formado por dos series de relatos, el primero titulado Exploraciones y el segundo Casos, cada uno integrado por 10 (quizá tiene que ver con el 10 pitagórico) relatos, la mayoría narrados en primera persona, los restantes en tercera. Están construidos por diálogos certeros y contundentes o fragmentos, por pequeños capítulos de abismos insondables, pensamientos funestos y acontecimientos que sólo se pueden intuir. Lo verdadero como una incógnita interpretable por cada lector. Los epílogos que se encuentran a lo largo del libro anticipan las sensaciones y sentimientos que inundarán a los relatos, convirtiéndose en los vaticinios perfectos de estas historias.

No recuerdo cómo, hace unos meses, di con el libro, pero quiero creer que fue obra del destino, pues por mucho se ha convertido en uno de mis favoritos. La locura o perdición en que viven estos personajes es quizá la realidad en que deberíamos vivir todos, una dimensión libre de convencionalismos y protocolos sociales cuyo límite con lo irracional no es claro.

¿Nos leen los vivos? Pregunta de uno de los personajes que podría bien referirse a eso mismo, a sí los vivos o las personas reales leen (o leemos) a esas otras personas invisibles, ficticias, cuyas vidas perduran lo que la lectura del relato al que pertenecen.

Así como en el infierno Dante encuentra a varios personajes de distintas épocas que le narran sus relatos brevemente con la intención de perpetuarse en la tierra de los vivos, el lector conoce en Inframundo las historias de otros personajes que no deberán dejarse en el olvido y que también cuentan sus historias para sobrevivir en el imaginario.

Las distintas escenas se desarrollan en lugares distópicos no muy lejanos a la realidad o incluso pertenecientes al pasado y donde lo que carece de sentido, en menor o mayor medida, son las convenciones preconcebidas de la sociedad, donde se desconoce el futuro y el presente es un tiempo amargo.

Respecto a la locura, para Erasmo de Rotterdam en su Elogio a la locura, menciona que perder la razón no implica ser un loco, pues justificar los actos o creencias únicamente en la razón o la ciencia no es saber, sino creer saber. Este tema ha sido y será una discusión eterna entre los seres humanos, y para demostrarlo he compilado algunas frases sobre la locura de diferentes autores, que expongo a continuación:

Siempre hay un poco de locura en el amor, siempre hay un poco de razón en la locura.” Nietzsche, filósofo alemán (1844-1900).

La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia.” Edgar Allan Poe, escritor estadounidense (1809-1849).

Todos son locos, pero el que analiza su locura, es llamado filósofo.” Ambrose Bierce, escritor estadounidense (1842-1914) y de quien recomiendo ampliamente El Diccionario del Diablo.

La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca.” Heinrich Heine, poeta alemán (1797-1856).

Los locos abren los caminos que más tarde recorren los sabios.” Carlo Dossi, escritor italiano (1849-1910).

La locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma.” Goethe, poeta y dramaturgo alemán (1749-1832).

Lo simbólico es un acto de intercambio y una relación social que pone fin a lo real, que disuelve lo real, y al mismo tiempo, la oposición entre lo real y lo imaginario.” Jean Baudrillard, filósofo y sociólogo francés (1929-2007).

Finalmente, ¿no seremos nosotros en realidad los locos, aquellos habituados a coexistir en un mundo lleno de parámetros establecidos para lograr entender lo mismo sobre todo, limitándonos? Estamos habituados a un mundo en el que ya todo esta delimitado por símbolos y donde se vuelve casi imposible pensar diferente sobre algo ya establecido desde hace siglos. Probablemente ellos, los locos, en realidad se han liberado de tantas ataduras, y nada más.

Entradas igual de interesantes, reflexiones, historias, creaciones y hallazgos se pueden encontrar en el blog del autor (http://www.finiterank.com/notas/) y en su columna en la web El espectador (http://www.elespectador.com/columnistaselespectadorcom/javier-moreno).

Bucle, Bedlewo, Odontología, Cinco, Gourmet y Médium son algunos de mis relatos favoritos. Para finalizar, les dejo la minificción que cierra el libro y que también me fascinó, sobre todo por la fuerza simbólica que logra transmitir en tan pocas líneas:

Niño

Por lo general preferimos no mencionarlo, pero en el fondo de la casa, en esa habitación pequeña junto a la cocina que mi abuelo usaba de depósito de herramientas y armerillo, hay un armario que nadie abre por temor a que vuelva a aparecer el niño. Cuando aparece, el niño tiene una granada en la mano. Aunque es evidente que habla, el niño no emite sonido alguno. Elige un interlocutor y le habla. A veces es posible reconocer palabras, leerlas en sus labios. Me dice "papá". Se ríe. Sonríe. Muestra su granada nueva y grande. La ostenta. Apenas le cabe en las manos. Se nota que pesa. Luego, de un golpe, saca el seguro y se ríe más con risa y mirada de niño malvado que todavía no sabe en qué consiste su maldad. No hay manera de impedir que esto pase. Una vez el niño aparece, alguien en la casa debe resignarse a verlo explotar.”

El libro completo nos lo regala el autor en el siguiente enlace: http://www.finiterank.com/notas/2010/10/01/inframundo/. Sin duda, un obsequio que tras cada lectura aumentará su sentido e incrementará nuestra inquietud sobre lo desconocido y aquello que ya pretendemos conocer.

jueves, 30 de mayo de 2013

El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde – Robert Louis Stevenson



Reseña personal: El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde) de Robert Louis Stevenson (escrito escocés, 1850-1895) es una conocida novela publicada en 1886 y fue adaptada al teatro y al cine. Es una de las obras más famosas y vendidas del autor, de quien ya había reseñado un libro pero dejé de lado la cuestión biográfica.

Stevenson fue educado en una fuerte tradición cristiana y mostró una clara afición a la escritura desde su infancia. Publicó su primer libro en 1866, The Pentland Rising, que era un ensayo histórico. Por ese entonces era común realizar publicaciones que aseguraban que alguna persona, que podía ser el mismo autor, se comprometiera a comprar los ejemplares que no fueran vendidos, por lo que la editorial brindaba oportunidad de publicación a autores nuevos, sin arriesgarse a tener pérdidas monetarias. Tal fue el caso de Stevenson, donde su papá terminó comprando varios ejemplares, debido a su poco valor literario. Pero años después, ya que Stevenson alcanzó la fama, dichos libros subieron extraordinariamente de precio.

Estudió Ingeniería náutica y trabajó como abogado, pero no durante mucho tiempo. Viajó y vivió en diferentes ciudades y países, lo que sin duda tuvo una gran importancia para su creación literaria. El último lugar donde residió fue en una de las islas del Pacífico sur, en el Estado Independiente de Samoa, donde los aborígenes le dieron el título de Tusitala, que significa 'el que cuenta historias'. Es precisamente en ese lugar donde expresa su inconformidad, a través de una carta abierta, al Reverendo C. M. Hyde, en defensa de un padre de Australia. Es curioso que este reverendo tuviera el mismo apellido que su personaje malvado de la novela que se reseñará, pero la novela fue publicada 4 años antes de estos sucesos, que ocurrieron en 1890.

Escribió ensayo, novela, cuento, poesía, obras de teatro, crónicas de viaje y diversas cartas que se han publicado en antologías, por lo que su obra esta conformada por un acervo muy abundante y variado. Tuvo problemas de salud desde muy pequeño y en general esta nunca fue buena, a lo que se aunó su inclinación por el alcohol. Murió en 1894 debido a un ataque cerebral. Respecto a su salud, él mismo dijo que "Durante catorce años no he conocido un solo día efectivo de salud. He escrito con hemorragias, he escrito enfermo, entre estertores de tos, he escrito con la cabeza dando tumbos."

Borges era un gran admirador de Stevenson y lo dejó claro a través de su obra, pues en El Hacedor, hace alusión a Stevenson y su obra a través del poema Blind Pew, el cual transcribo a continuación:

Blind Pew
Lejos del mar y de la hermosa guerra,
que así el amor lo que ha perdido alaba,
el bucanero ciego fatigaba
los terrosos caminos de Inglaterra.

Ladrado por los perros de las granjas,
pifia de los muchachos del poblado,
dormía un achacoso y agrietado
sueño en el negro polvo de las zanjas.

Sabía que en remotas playas de oro
era suyo un recóndito tesoro
y esto aliviaba su contraria suerte;

a ti también, en otras playas de oro,
te aguarda incorruptible tu tesoro:
la vasta y vaga y necesaria muerte.

El guiño no puede ser más claro, pues Blind Pew o simplemente Pew era el nombre de uno de los personajes de La isla del tesoro, de Stevenson. En el cuento Borges y yo, hay un fragmento en que dice “Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson”. También escribió, en el prólogo de uno de los libros de fábulas de Stevenson:

"Stevenson no fue un hombre religioso. Fue algo mejor, fue un hombre ético.
Un personaje de Bernard Shaw declara que ha dejado atrás el soborno del cielo:
Stevenson hubiera podido agregar que ha dejado atrás la amenaza del infierno."

Es fascinante descubrir este tipo de cosas, que uno de tus autores favoritos elogie a través de su obra a otro magnífico escritor, pero es tiempo ya de volver a la reseña. Hace tiempo que quería leer esta novela y de hecho compré un libro donde viene junto con algunos cuentos del autor, pero fue hasta que me lo regalaron cuando decidí no postergarlo más, y en realidad no se porqué lo pospuse tanto, pues es lectura de una tarde pero con reflexiones trascendentales.

Varios críticos de la obra de Stevenson encuentran el particular interés que tenía con el trastorno disociativo de identidad, pues en ensayos publicados con anterioridad, había expresado una característica de las personas pertenecientes a la clase alta de la sociedad: tendían a tener doble personalidad, que eran por completo opuestas, la bondad y la maldad. La bondad sería utilizada entonces a manera de máscara ante los demás, mientras que, al estar separados de sus conocidos, la maldad sería su verdadera naturaleza humana y por tanto la esencia de las acciones y comportamientos perversos y malignos. Para el Dr. Jekyll, esta dualidad es natural en la especie humana, pero usualmente el hombre logra controlar sus impulsos pérfidos y el bien domina al mal. El problema que encuentra en esto es que entonces la sociedad se rige bajo una moral y ética de parámetros falsos y frágiles, y se propone entonces crear un método para lograr separar esa dualidad y anular el engaño en que vive esta clase social. Pero el principal detalle es, en caso de lograr la separación, ¿cómo se podrá elegir cuál de las dos personalidades logrará tener control del único cuerpo disponible?

Esta inquietud se convierte en una fijación y a través de diversos experimentos con distintas elementos y sustancias químicas, logra su cometido. Debido a la complejidad y riesgos del experimento, él mismo prueba la fórmula que ha creado, de donde surge Edward Hyde.

La novela puede fácilmente clasificarse en el género de horror, ficción e incluso en la novela policial. Está narrada en tercera persona a excepción de dos capítulos, escritos en primera persona, y se desarrolla en Londres del siglo XIX. La historia comienza con una escena fuerte, lo que atrae de inmediato la atención y crea interés en aclarara la historia oculta bajo el mito que se describe dentro de la realidad del libro.

La historia tiene un rápido desarrollo y en sí es relativamente corta (existen ediciones de poco más de 70 páginas), por lo que su lectura resulta ligera, y la narrativa de Stevenson (al menos en traducción) no es compleja pero sí cuidada y detallada. Tanto los personajes principales como las acciones cuentan con amplias descripciones, lo que otorga realismo y fuerza al relato.

La razón primordial de la novela es manifestar la dualidad inherente al hombre y su lucha constante, el conflicto interminable entre el bien y el mal, pero también la disputa entre lo socialmente aceptable de lo inadmisible, cuestiones que varían según el contexto histórico y cultural, otorgándole ambigüedad a ciertas prácticas o actos y donde las religiones tienen un papel primordial, sobre todo en lo referente a la tortura psicológica.

Lo que logra Henry Jekyll va mucho más allá de un simple proceso químico: se acerca a la creación divina, pues se vuelve capaz de manipular procesos naturales y eliminar límites existentes en la práctica ética de la ciencia, pero límites que finalmente han sido suprimidos ya y que hasta cierto punto ha sido imprescindible, pues el ser humano necesita conocer lo que puede lograr a costa de cualquier precio, que podría incluir su existencia y la de muchos más, para alcanzar una consciencia mucho más amplia de su propia naturaleza. Es una novela por completo vigente, pues esa búsqueda que resulta dañina es la misma que realizan las personas que pierden el miedo a los presupuestos morales y a los que les resulta fácil ir también más allá de la ética, lo que puede dar resultados tanto asombrosos como adversos, pero que quedarían en el misterio, de no llevarse a cabo.

El final puede ser predecible pero es por completo asombroso, pues el poder narrativo de Stevenson en definitiva es incuestionable y es un libro digno de recibir al menos una lectura veraz.

Encontré varios fragmentos y frases admirables, que transcribo a continuación:



Tengo una gran aversión a eso de hacer preguntas; se asemeja a la fatalidad del Juicio Final.” P.1 3



...he llegado a hacer de ello una norma de comportamiento; cuanto más sospechosa me parece una cosa, menos pregunto.” P. 14



...el espectro de algún antiguo pecado, el cáncer roedor de alguna vergüenza oculta, cuyo castigo viene cuando años después la memoria ha olvidado la falta y el amor propio la ha perdonado.” P. 23



El triste barrio de Soho, con sus calles inmundas y sus transeúntes andrajosos...” P.28



Bien, la vida ha sido agradable; me ha gustado; sí, señor, tenía el hábito de saborearla. En varias ocasiones he pensado que es preferible dejarla voluntariamente, con alegría.” P. 36



No creía que esta tierra pudiese contener un sitio para sufrimientos y terrores tan inhumanos; y usted, Utterson, no tiene que hacer más que una cosa: aliviar mis sufrimientos, y para ello, respetar mi silencio.” P. 37



Irregularidades como las que yo cometí habrían sido para muchos hasta motivo de vanagloria; pero desde la altura de los ideales que yo me había trazado las veía y las ocultaba con sentimiento casi enfermiza de vergüenza.” P. 60



...esa verdad, cuyo parcial descubrimiento ha sido causa de mi naufragio; a saber: el hombre no es unidad, sino dualidad.” P. 60



...el hombre no es un individuo, sino una república habitada por ciudadanos múltiples e incongruentes.” P. 60

Comencé a percibir más profundamente que otros, hasta hoy a lo menos, la inmaterialidad trémula, la transciencia vaporosa de este cuerpo, sólido al parecer, que nos sirve de vestidura.” P. 61



...he aprendido a mi costa que el sino y carga de nuestra vida lo llevamos atado para siempre a los hombros, y que cuando intentamos sacudirlo vuelve a nosotros con más extraña y espantable pesadumbre.” P. 61



Ante mis ojos representaba una imagen más viva del espíritu, parecía más directa y simple que la apariencia imperfecta u compleja que hasta entonces me había acostumbrado a llamar mía.” P. 63



Y esto era lo intolerable; que el limo del abismo pareciese articular gritos y voces, que el polvo amorfo gesticulara y pecase; que lo que estaba muerto y no tenía forma usurpase los atributos de la vida.” P. 74