



Cuando el hombre acaparó el poder y se estableció como el prototipo de lo humano, entre géneros surgió la desigualdad, misma que ha configurado la Historia desde hace miles de años y que causó una violencia sistemática ejercida hasta ahora contra el 49.5% de la población mundial, según cifras de la ONU.
Debido a las diferencias biológicas, lo femenino fue relegado a las tareas domésticas y al cuidado familiar por su capacidad para concebir, siendo recluido y limitado. Esta hegemonía masculina —no solo sobre mujeres, sino también encima de otros hombres— representa el núcleo de la sociedad de clases, en esencia machista y misógino. La marginación metódica fue reforzada por el monoteísmo representativo de las religiones contemporáneas como el cristianismo.
Mencionar dichos antecedentes represivos es necesario para recrear los contextos sociohistóricos en los que vivieron las protagonistas de este ensayo: valientes aventureras que, por diferentes razones, se liberaron de la opresión y se embarcaron en la inmensidad de océanos y mares. Una de las primeras mujeres audaces en altamar, según Heródoto, fue Artemisia I de Caria, reina de Halicarnaso, quien ejerció un mando militar a bordo de una nave aproximadamente cinco siglos antes de la era común, fecha en la que están registradas las primeras actividades de piratería.
El origen de la palabra pirata reside en el griego clásico peirates, construida con el verbo arriesgar o aventurarse, incluso emprender: realizar una acción peligrosa o difícil. Esta práctica de abordar barcos en el océano de forma violenta para saquearlos, considerada como un crimen desde sus inicios, derivó en la patente de corso, y esta, a su vez, en los corsarios: piratas bajo el comando de algún gobierno.
Ya desde la antigua Roma, Augusto controló la piratería desbocada y puso a los criminales al servicio del imperio, pero con la llegada de Nerón al trono, cinco decenios después, el decaimiento del Estado trajo consigo un nuevo auge para esta actividad.
La figura femenina estaba prohibida en altamar por representar mala suerte para los barcos. Incluso en 1721, Bartholomew Roberts, un reconocido pirata galés, redactó un código de conducta pirata en el que, entre otras cosas, reconoció el derecho de cada tripulante a la repartición de los botines, estableció horarios y sitios para beber y prohibió las apuestas, así como a niños y mujeres a bordo, castigando con la muerte a quien se atreviera a subir a alguna disfrazada de hombre.
Estas restricciones iban de la mano con la aceptación de la homosexualidad, tema estudiado por antropólogos como Paul Bohannan y Barry Richard Burg, entre las décadas de los 80 y 90. Una práctica de los piratas era elegir hombres jóvenes, llevárselos con ellos y convertirlos en sus aprendices. De estas uniones oficiales surgió el antecedente del matrimonio igualitario, el matelotage: la alianza entre dos hombres y la unión de sus patrimonios. En caso de que uno muriera, el sobreviviente heredaba cada bien material de su compañero fallecido. Cabe aclarar que esta regla podía resultar una ofensa en tierra, pues Inglaterra castigaba los actos homosexuales incluso con la horca.
Sin embargo, los piratas abiertos en cuanto a la sexualidad, perpetuaban la misoginia, pues solían violar mujeres y secuestrarlas para pedir rescates en una situación liminar con las normas que regían en el mundo.
Durante la década de 1930, el escritor y periodista francés Henry Musnik se dio a la tarea de investigar las vidas de algunas de las mujeres que incursionaron en la piratería a lo largo de la historia. Publicó en 1934 el que se convertiría en su libro más popular, Les femmes pirates, mismo que fue traducido al castellano hasta 2007 en España.
Su recorrido histórico/mítico está dividido en seis capítulos. Dedica el primero a la leyenda de Alwilda, hija de un rey escandinavo del siglo V que, disconforme con el acuerdo de matrimonio que su padre había arreglado con el príncipe de Dinamarca, se rebeló y huyó junto a otras mujeres vestidas como hombres para hacerse a la mar. Durante la travesía se encontraron con un barco pirata sin capitán, cuyos tripulantes la eligieron como su líder. Otra pirata de la que Musnik habla en esta sección es de la vikinga Sigrid, hija del rey de Thule, isla vecina de Noruega; mujer enérgica que desafió a su época principalmente por desobedecer la tradición de suicidarse tras la muerte de su esposo. (Continuar leyendo en Tierra Adentro...)

Fui invitada a participar, junto con admirados escritores y académicos, a impartir de forma virtual un diplomado en literatura para el Centro de las Artes de Hidalgo, que buscó crear un programa especializado en literatura para resarcir la falta de una licenciatura en letras en su región. Sin duda, éste es un maravilloso esfuerzo cuyo alcance será aún mayor gracias a la tecnología.
Hoy, a las 5:00 p.m., en el marco de la Feria del Libro Morelos 2020, participaré en el Encuentro de Cuentistas junto con José Luis Zárate y Miguel Barquiarena.
¡Hasta entonces!
#FeriaLibroMorelos2020 #LibrosMorelos #Morelos
No se pierdan el Encuentro de Cuentistas en Morelos
HOY HOY HOY Martes 8 de septiembre
17:00 a 19:00 h.
José Luis Zárate, Lola Ancira y Miguel Barquiarena
#EnVivo por Feria del Libro y www.librosmorelos.mx

Una decena de autoras y autores revisan la influencia de su literatura y desmenuzan al personaje.
Por Héctor González
¿Maestro del realismo sucio? ¿Narrador incombustible? ¿Crítico del sueño americano? ¿Autor misógino y machista? ¿Personaje de sí mismo? Algo de todo esto hay en Charles Bukowski (1920-1994), autor que en su centenario amerita una revisión de su literatura y su legado.
A convocatoria de Aristegui Noticias, Armando González Torres, Julia Santibáñez, Bibiana Camacho, Carlos Velázquez, Susana Iglesias, Norma Lazo, J. M. Servín, Lola Ancira, Paola Tinoco y Carlos Bortoni, toman la figura del autor de La senda del perdedor y Mujeres, para desvelar afinidades y críticas. (Continuar leyendo en Aristegui noticias...)
"Fotografía espírita" es un cuento breve del escritor mexicano Amado Nervo (1870-1919), publicado en 1985. También lo pueden escuchar en Descarga Cultura.UNAM, en voz de Rosa Beltrán. Hoy, a 150 años de su nacimiento, no hay mejor forma de recordarlo que leyendo su obra.
| Fotografía espírita |
Los espíritus tienen coqueterías de mujer; cosa que yo no hubiera creído si no me lo revelan ellos mismos, o mejor dicho, si no “revela” esas coqueterías un buen fotógrafo, artista macabro que fija en su cámara oscura fisonomías ultraterrestres. Este digno hijo de Daguerre, seguro de que los espíritus, como los microbios, pululan en todas partes, se dijo: “Hay que atraparlos”, y los atrapa por un medio muy sencillo. Va usted a retratarse, lo coloca a usted frente a la cámara, y le dice: —Evoque usted a algún espíritu. Y usted evoca a su madre (conste que esta frase no es un insulto). —Reconcentre usted su imaginación —añade el fotógrafo— para que la imagen no se borre un punto. ¡A la una!, ¡a las dos!, ¡a las tres! Ya está usted retratado con todo y madre. A los tres o cuatro días va usted por sus retratos, los observa: la fisonomía de usted se destaca perfectamente y, aquí entra lo maravilloso; sobre la cabeza de usted, en el lienzo que sirve de fondo, hay unos trazos vagos esfumados casi, se advierte un rostro; lo considera usted bien y acaba por distinguir sus facciones. —¿Son las de su madre? —No —responde usted—, serán las de la suya. —Las de la mía tampoco. Se trata de otro espíritu que andaba por ahí. Apenas tuvo tiempo de alisarse el pelo para no salir con la cabeza desgreñada. Si hubiera tenido tiempo, de seguro se pone una flor en la cabeza y sonríe. ¿Evoca usted a su padre? Pues resulta un caballero anciano con patillas luengas y ceño fruncido. No es tampoco el papá de usted, es otro espíritu a quien atrapó el fotógrafo al pasar, en la cámara oscura. En el lienzo del fondo de que he hablado, hay asimismo algunas manchas: ésos son los espíritus que usted evocó; andaban lejos, entretenidos, y no alcanzaron a salir, pero se adivina que son ellos; para eso sirven las intuiciones del cariño… Paga usted un peso por cada retrato y se va tan contento a su casa, que si al fin y al cabo no salió su madre ni salió su padre, salieron otros y lo mismo da; ¡qué sabe usted si aquel anciano de patillas fue algún tío suyo, y si aquella buena señora que apenas se alcanzó a rizar el pelo, es su suegra, la suegra a quien tuvo usted la dicha de no conocer! La fotografía, por lo demás, es mala; las figuras se destacan de un fondo oscuro con tonos amarillentos, pero hay que advertir que esos tonos se deben a la luz de los nimbos que “usan” los espíritus. Y hay que perdonar los otros defectos. ¿Qué, quería usted salir bien, en fotografía bonita y con espíritus? ¡Vamos, no pida usted gollerías! Mi hermanito en Allan Kardec no se preocupa mucho del arte; no es ésa su misión. Artista sobrenatural, se limita a atrapar espíritus. Hay que avisarles a éstos para que no los cojan en déshabillé. 2 de septiembre de 1895 | ||
Este sábado, en punto de las 21:00 horas, participaré con una charla virtual sobre las maestras del horror y lo fantástico en el marco del ciclo "La ciudad de las montañas de la locura", organizado por el Círculo Lovecraftiano & Horror, comunidad originaria de Monterrey, para celebrar el que sería el cumpleaños número 130 de H. P. Lovecraft.

Pueden checar el programa completo en su página de Facebook, Círculo Lovecraftiano & Horror, donde se transmitirán todos los eventos.
Lola Ancira
Nació en Querétaro en 1987. Becaria del programa Jóvenes Creadores del FONCA en dos ocasiones y de la Fundación para las Letras Mexicanas. Ha publicado los libros de relatos “Tusitala de Óbitos” (2013) y “El vals de los Monstruos” (2018), además participar como antologadora en el libro “Gabinete de historias extraordinarias. Antología de Cuentos Fantásticos” (2019). También ha publicado diversos cuentos, ensayos y reseñas literarias en diversos medios electrónicos e impresos.
¡Te esperamos en La Ciudad de las Montañas de la Locura 4ta ed.!
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