jueves, 30 de mayo de 2013

El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde – Robert Louis Stevenson



Reseña personal: El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde) de Robert Louis Stevenson (escrito escocés, 1850-1895) es una conocida novela publicada en 1886 y fue adaptada al teatro y al cine. Es una de las obras más famosas y vendidas del autor, de quien ya había reseñado un libro pero dejé de lado la cuestión biográfica.

Stevenson fue educado en una fuerte tradición cristiana y mostró una clara afición a la escritura desde su infancia. Publicó su primer libro en 1866, The Pentland Rising, que era un ensayo histórico. Por ese entonces era común realizar publicaciones que aseguraban que alguna persona, que podía ser el mismo autor, se comprometiera a comprar los ejemplares que no fueran vendidos, por lo que la editorial brindaba oportunidad de publicación a autores nuevos, sin arriesgarse a tener pérdidas monetarias. Tal fue el caso de Stevenson, donde su papá terminó comprando varios ejemplares, debido a su poco valor literario. Pero años después, ya que Stevenson alcanzó la fama, dichos libros subieron extraordinariamente de precio.

Estudió Ingeniería náutica y trabajó como abogado, pero no durante mucho tiempo. Viajó y vivió en diferentes ciudades y países, lo que sin duda tuvo una gran importancia para su creación literaria. El último lugar donde residió fue en una de las islas del Pacífico sur, en el Estado Independiente de Samoa, donde los aborígenes le dieron el título de Tusitala, que significa 'el que cuenta historias'. Es precisamente en ese lugar donde expresa su inconformidad, a través de una carta abierta, al Reverendo C. M. Hyde, en defensa de un padre de Australia. Es curioso que este reverendo tuviera el mismo apellido que su personaje malvado de la novela que se reseñará, pero la novela fue publicada 4 años antes de estos sucesos, que ocurrieron en 1890.

Escribió ensayo, novela, cuento, poesía, obras de teatro, crónicas de viaje y diversas cartas que se han publicado en antologías, por lo que su obra esta conformada por un acervo muy abundante y variado. Tuvo problemas de salud desde muy pequeño y en general esta nunca fue buena, a lo que se aunó su inclinación por el alcohol. Murió en 1894 debido a un ataque cerebral. Respecto a su salud, él mismo dijo que "Durante catorce años no he conocido un solo día efectivo de salud. He escrito con hemorragias, he escrito enfermo, entre estertores de tos, he escrito con la cabeza dando tumbos."

Borges era un gran admirador de Stevenson y lo dejó claro a través de su obra, pues en El Hacedor, hace alusión a Stevenson y su obra a través del poema Blind Pew, el cual transcribo a continuación:

Blind Pew
Lejos del mar y de la hermosa guerra,
que así el amor lo que ha perdido alaba,
el bucanero ciego fatigaba
los terrosos caminos de Inglaterra.

Ladrado por los perros de las granjas,
pifia de los muchachos del poblado,
dormía un achacoso y agrietado
sueño en el negro polvo de las zanjas.

Sabía que en remotas playas de oro
era suyo un recóndito tesoro
y esto aliviaba su contraria suerte;

a ti también, en otras playas de oro,
te aguarda incorruptible tu tesoro:
la vasta y vaga y necesaria muerte.

El guiño no puede ser más claro, pues Blind Pew o simplemente Pew era el nombre de uno de los personajes de La isla del tesoro, de Stevenson. En el cuento Borges y yo, hay un fragmento en que dice “Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson”. También escribió, en el prólogo de uno de los libros de fábulas de Stevenson:

"Stevenson no fue un hombre religioso. Fue algo mejor, fue un hombre ético.
Un personaje de Bernard Shaw declara que ha dejado atrás el soborno del cielo:
Stevenson hubiera podido agregar que ha dejado atrás la amenaza del infierno."

Es fascinante descubrir este tipo de cosas, que uno de tus autores favoritos elogie a través de su obra a otro magnífico escritor, pero es tiempo ya de volver a la reseña. Hace tiempo que quería leer esta novela y de hecho compré un libro donde viene junto con algunos cuentos del autor, pero fue hasta que me lo regalaron cuando decidí no postergarlo más, y en realidad no se porqué lo pospuse tanto, pues es lectura de una tarde pero con reflexiones trascendentales.

Varios críticos de la obra de Stevenson encuentran el particular interés que tenía con el trastorno disociativo de identidad, pues en ensayos publicados con anterioridad, había expresado una característica de las personas pertenecientes a la clase alta de la sociedad: tendían a tener doble personalidad, que eran por completo opuestas, la bondad y la maldad. La bondad sería utilizada entonces a manera de máscara ante los demás, mientras que, al estar separados de sus conocidos, la maldad sería su verdadera naturaleza humana y por tanto la esencia de las acciones y comportamientos perversos y malignos. Para el Dr. Jekyll, esta dualidad es natural en la especie humana, pero usualmente el hombre logra controlar sus impulsos pérfidos y el bien domina al mal. El problema que encuentra en esto es que entonces la sociedad se rige bajo una moral y ética de parámetros falsos y frágiles, y se propone entonces crear un método para lograr separar esa dualidad y anular el engaño en que vive esta clase social. Pero el principal detalle es, en caso de lograr la separación, ¿cómo se podrá elegir cuál de las dos personalidades logrará tener control del único cuerpo disponible?

Esta inquietud se convierte en una fijación y a través de diversos experimentos con distintas elementos y sustancias químicas, logra su cometido. Debido a la complejidad y riesgos del experimento, él mismo prueba la fórmula que ha creado, de donde surge Edward Hyde.

La novela puede fácilmente clasificarse en el género de horror, ficción e incluso en la novela policial. Está narrada en tercera persona a excepción de dos capítulos, escritos en primera persona, y se desarrolla en Londres del siglo XIX. La historia comienza con una escena fuerte, lo que atrae de inmediato la atención y crea interés en aclarara la historia oculta bajo el mito que se describe dentro de la realidad del libro.

La historia tiene un rápido desarrollo y en sí es relativamente corta (existen ediciones de poco más de 70 páginas), por lo que su lectura resulta ligera, y la narrativa de Stevenson (al menos en traducción) no es compleja pero sí cuidada y detallada. Tanto los personajes principales como las acciones cuentan con amplias descripciones, lo que otorga realismo y fuerza al relato.

La razón primordial de la novela es manifestar la dualidad inherente al hombre y su lucha constante, el conflicto interminable entre el bien y el mal, pero también la disputa entre lo socialmente aceptable de lo inadmisible, cuestiones que varían según el contexto histórico y cultural, otorgándole ambigüedad a ciertas prácticas o actos y donde las religiones tienen un papel primordial, sobre todo en lo referente a la tortura psicológica.

Lo que logra Henry Jekyll va mucho más allá de un simple proceso químico: se acerca a la creación divina, pues se vuelve capaz de manipular procesos naturales y eliminar límites existentes en la práctica ética de la ciencia, pero límites que finalmente han sido suprimidos ya y que hasta cierto punto ha sido imprescindible, pues el ser humano necesita conocer lo que puede lograr a costa de cualquier precio, que podría incluir su existencia y la de muchos más, para alcanzar una consciencia mucho más amplia de su propia naturaleza. Es una novela por completo vigente, pues esa búsqueda que resulta dañina es la misma que realizan las personas que pierden el miedo a los presupuestos morales y a los que les resulta fácil ir también más allá de la ética, lo que puede dar resultados tanto asombrosos como adversos, pero que quedarían en el misterio, de no llevarse a cabo.

El final puede ser predecible pero es por completo asombroso, pues el poder narrativo de Stevenson en definitiva es incuestionable y es un libro digno de recibir al menos una lectura veraz.

Encontré varios fragmentos y frases admirables, que transcribo a continuación:



Tengo una gran aversión a eso de hacer preguntas; se asemeja a la fatalidad del Juicio Final.” P.1 3



...he llegado a hacer de ello una norma de comportamiento; cuanto más sospechosa me parece una cosa, menos pregunto.” P. 14



...el espectro de algún antiguo pecado, el cáncer roedor de alguna vergüenza oculta, cuyo castigo viene cuando años después la memoria ha olvidado la falta y el amor propio la ha perdonado.” P. 23



El triste barrio de Soho, con sus calles inmundas y sus transeúntes andrajosos...” P.28



Bien, la vida ha sido agradable; me ha gustado; sí, señor, tenía el hábito de saborearla. En varias ocasiones he pensado que es preferible dejarla voluntariamente, con alegría.” P. 36



No creía que esta tierra pudiese contener un sitio para sufrimientos y terrores tan inhumanos; y usted, Utterson, no tiene que hacer más que una cosa: aliviar mis sufrimientos, y para ello, respetar mi silencio.” P. 37



Irregularidades como las que yo cometí habrían sido para muchos hasta motivo de vanagloria; pero desde la altura de los ideales que yo me había trazado las veía y las ocultaba con sentimiento casi enfermiza de vergüenza.” P. 60



...esa verdad, cuyo parcial descubrimiento ha sido causa de mi naufragio; a saber: el hombre no es unidad, sino dualidad.” P. 60



...el hombre no es un individuo, sino una república habitada por ciudadanos múltiples e incongruentes.” P. 60

Comencé a percibir más profundamente que otros, hasta hoy a lo menos, la inmaterialidad trémula, la transciencia vaporosa de este cuerpo, sólido al parecer, que nos sirve de vestidura.” P. 61



...he aprendido a mi costa que el sino y carga de nuestra vida lo llevamos atado para siempre a los hombros, y que cuando intentamos sacudirlo vuelve a nosotros con más extraña y espantable pesadumbre.” P. 61



Ante mis ojos representaba una imagen más viva del espíritu, parecía más directa y simple que la apariencia imperfecta u compleja que hasta entonces me había acostumbrado a llamar mía.” P. 63



Y esto era lo intolerable; que el limo del abismo pareciese articular gritos y voces, que el polvo amorfo gesticulara y pecase; que lo que estaba muerto y no tenía forma usurpase los atributos de la vida.” P. 74

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