viernes, 9 de agosto de 2013

La máquina de pensar y otros diálogos literarios – Alfonso Reyes / Jorge Luis Borges

 



Reseña personal: La máquina de pensar y otros diálogos literarios de Alfonso Reyes Ochoa (escritor y diplomático mexicano, 1889-1959) y Jorge Luis Borges (escritor argentino, 1899-1986) es el volumen número diecinueve publicado por la Asociación Nacional del Libro A. C. con motivo del Día Nacional del Libro (en México) que se celebra cada 12 de noviembre, conmemorando el natalicio de Sor Juana Inés de la Cruz. Se distribuyó de manera gratuita en esa misma fecha, en 1998, bajo la premisa de “promover el hábito de la buena lectura y mejorar el nivel de educación.” Sin duda un buen esfuerzo por hacerlo, pero habrá que investigar que ha sucedido con la mayoría de los ejemplares.



Encontré uno de estos libros a principios de año, en una biblioteca pública. No sabía de su existencia, pero el simple título en la portada fue suficiente para sentir la necesidad de leerlo y, por supuesto, reseñarlo.



El libro es una compilación de ensayos de ambos autores, los de Borges proceden de sus publicaciones en la revista de Buenos Aires El Hogar (que se encuentran reunidas en Textos Cautivos, por Tusquets Editores) y los textos de Reyes de diversas revistas y diarios que después de reunieron en sus Obras completas, publicadas por el FCE. Estas obras van construyendo un gran diálogo entre estos dos geniales escritores a través de temas, otros autores, lecturas y diferentes obras de las cuales disertan y departen con un conocimiento y una filosofía particulares y únicas que forman redes de vínculos de diversa índole y fuerza que siempre vuelven ese 'diálogo' continuo y profundo: los autómatas ajedrecistas de los siglos XVI Y XVIII, la novela policial, el lenguaje, la fantasía, Utopias, Unamuno, Chesterton, Wells, los Huxley, Eliot...



La amistad que existió entre Reyes y Borges tuvo una duración de más de tres décadas, durante las cuales Borges siempre vio a Reyes como un admirable y preciado maestro del que llegó a expresar: “Es probable que haya influido en mi manera de escribir. Para mí, el y Groussac han sido los principales renovadores de la prosa moderna en lengua española.”



Antes de conocerse en persona, Borges le envió a Reyes, en 1924, un ejemplar de Fervor en Buenos Aires, su primer libro de poesía, publicado en 1923. Fue hasta 1927 que, tras el viaje de Reyes a Buenos Aires como embajador de México en Argentina, lograrían crear un fuerte vínculo de amistad y admiración mutuos nacido de las letras. Reyes le escribió a Borges, tras leer El Aleph, en una de sus cartas de 1949: “Usted me ha reconciliado con las letras”.



En los últimos 4 textos, en el Epílogo, se encuentran algunas de los textos que se escribieron mutuamente. El último de ellos fue escrito por Borges, pocos años después de la muerte de Reyes, a manera de cierre de los diálogos. El respeto y la admiración que se inspiraban entre ellos sin duda son una gran muestra de lo que escritores trascendentales pueden expresar cuando su genio creativo encuentra un parangón.



A continuación, el Índice onomástico hace gala de más de doscientos nombres que hacen acto de aparición en los diálogos por orden alfabético, que van desde Aristófanes, Amadís y Artaud hasta Wilde, Woolf y Zola. Para finalizar, el índice de obras es una gran lista de recomendaciones literarias para tener en cuenta y añadir a esa lista interminable que todo buen lector debe tener, donde se encuentran títulos como Fedra, Madame Bovary, El suicida o Los viajes de Gulliver.



Para terminar, transcribo dos fragmentos de la nota preliminar que resumen a la perfección el libro:



Este libro pretende recordar a estos dos esforzados,

eruditos y curiosos formadores de nuestra conciencia,

sobre todo, como dos grandes lectores.



De eso se ocupa la máquina de pensar:

de dar testimonio, así sea azaroso y fragmentario,

de unas muy pocas de las muchas lecturas que,

cada quien por su cuenta, Reyes y Borges compartieron.



Estas frases son indispensables en estos diálogos, pues a través de ellas se condensa gran parte del pensamiento de los autores:



“Cada referencia abre nuevos horizontes; todos los senderos de bifurcan; todas las sombras convocadas en esta asamblea son grata compañía.” Felipe Garrido en la Nota preliminar, p. 13.



“Su pública y famosa inutilidad no disminuye su interés.” Borges, p. 15.



“El escritor solía exagerar lo desagradable para obtener efectos terroríficos o grotescos.” Borges, p. 29.



“(leer) me permite satisfacer esa necesidad de desdoblamiento psicológico que todos llevamos dentro...” Reyes, p. 32.



“Los antiguos retóricos se acercaron muchas veces (y el primero, Aristóteles) a este tema de la relación entre el lícito engaño literario y la dimensión del poema.” Reyes, p. 32.



“Todos devoran un libro de escándalo, aunque sea de pésima literatura.” Reyes, p. 34.



“Krutch exclama (¡y con cuánta razón!): “Acaso se inicia la decadencia de la novela el día que el novelista se propone discernir conscientemente entre lo importante y lo interesante. Sí: la golosina puede hartar e indigestar. Pero es un pésimo síntoma de salud preferir, en sí, la purga a la golosina.” La novela policial es el género clásico de nuestro tiempo.” Reyes, p. 36



“La convalecencia y las fantasías criminológicas se llevan bien...” Borges, p. 38.



“'...'la palabra interior'. Vago antecedente de la escritura sonambúlica suprarrealista...” Borges, p. 45.



“Se dice que a un autor debemos buscarlo en sus obras mejores; podría explicarse (paradoja que no hubiera desaprobado Unamuno) que si queremos conocerlo de veras, conviene interrogar las menos felices, pues en ellas -en lo injustificable, en lo imperdonable- está más el autor que en aquellas otras que nadie vacilaría en firmar.” Borges, p. 55.



“No es imposible (y sin duda es ofensivo) asimilar todos los géneros literarios a la novela. El cuento es un capítulo virtual, cuando no es un resumen; la historia es una antigua variedad de la novela histórica; la fábula, una forma rudimental de la novela de tesis; el poema lírico, la novela de un solo personaje, que es el poeta.” Borges, p. 57.



“Esa omnipresencia de un yo, esa continua difusión de un alma en las almas, es una de las operaciones del arte, acaso la esencial y la más difícil. Yo entiendo que Unamuno es el primer escritor de nuestro idioma. Su muerte corporal no es su muerte; su presencia, discutidora, gárrula, atormentada, a veces intolerable, está con nosotros.” Borges, p. 58.



“Ya decía Montaigne que el sumo goce tiene más de severidad que se alegría. “ Reyes, p. 66.



“Los personajes van sin la defensa de la epidermis, como en los desollados del maestro flamenco.” Reyes, p. 66.



“El efecto artístico puede resultar algo enturbiado, sin dejar nunca de ser excelso.” Reyes, p.67.

“El hombre no descubre el mundo de una vez para siempre, sino a través de renovadas sorpresas.” A. Reyes, p. 69.



“La solución, en las malas ficciones policiales, es de orden material: una puerta secreta, una barba suplementaria. En las buenas, es de orden psicológico: una falacia, un hábito mental, una superstición.” Borges, p. 71.



“Yeats declara en un verso, olímpicamente: “No hay un imbécil que pueda tratarme de amigo”. Chesterton lo pondera, y añade: “En cuanto a mí, supongo que hay muchos imbéciles que pueden tratarme de amigo y también -reflexión más edificante- muchos amigos que pueden tratarme de imbécil.” Borges, p. 75.



“...dotados provisionalmente de albedrío, como los títeres humanos.” Reyes, p. 77.



“La felicidad no es un estado, sino un cambio de estado.” (Darwin el nieto) Reyes, p. 77.



“...el aristócrata de Anatole France (Los dioses tienen sed) se ganaba la vida fabricando muñecos para el guiñol y solía repetir: “Yo soy un dios piadoso, yo no concedo alma a mis criaturas.”” Reyes, p. 78.



“...pasaje de Julián: “La continua corriente vital llamada género humano está rota en pedacitos aislados llamados individuos.”” Borges, p. 81.



“Las doctrinas de la predestinación, del pecado original, de la depravación innata del hombre, de la desdicha de de los más, del reino de Satán en la tierra, de un demiurgo malévolo, me parecen (por extravagante que sea su forma) mucho más razonables que nuestra ilusión liberal de que todos los chicos nacen buenos y de que luego los deteriora el ejemplo de una sociedad corrompida... Tampoco puedo creer que la Providencia sea un oculto filántropo y que todo, a la larga, mejorará.” Borges, p. 83.



“Ante el suicidio de cierto enamorado del mundo cuyo caso analizaba yo en algún libro, me escribía Unamuno: “Esos que aman la Vida, así con mayúscula, acaban suicidándose.” Reyes, p. 98.



“Y cuanto no se cuenta con una isla al tamaño de los deseos, será porque se ha dispuesto, para mayor seguridad, de otro planeta.” Reyes, p. 131.



“Para eludir una total desesperación, resolvió pensar en el Universo: procedimiento general de los desdichados, y a veces bálsamo.” Borges, p. 137.



“Borges es un mago de las ideas. Transforma todos los motivos que toca y los lleva a otro registro mental. Los solos libros de sus títulos hace reflexionar sobre una nueva dimensión de las cosas y parece que nos lanza a un paseo por la estratosfera: El tamaño de mi esperanza, Historia de la eternidad, Historia universal de la infamia, etcétera.” Reyes, p. 146.



“Pero yo estoy arrepentido de casi todo lo que yo escribo, cada uno escribe lo que puede y no lo que quiere.” Borges, p. 150.



“Reyes ha sido uno de los mayores escritores de las diversas literaturas cuyo instrumento es la lengua española.” Borges, p. 151.



“La memoria de Alfonso Reyes (...) era virtualmente infinita y le permitía el descubrimiento de secretos y remotas afinidades, como si todo lo escuchado o leído estuviera presente, en una suerte de mágica eternidad.” Borges, p. 157.

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